Este miércoles 20 de septiembre debería de ser la bajada de San Jerónimo en la capital del folclore y la resistencia ciudadana, pero las puertas de la Parroquia del patrono de los masayas, San Jerónimo, amanecieron cerradas, no se escucha explosión de cohetes, tampoco hubo palo lucio, solo reinó el silencio y la oración de los fieles que la han realizado pidiendo el cese de la represión gubernamental por parte del gobierno de Nicaragua.

El pueblo sigue de luto asegura el párroco de la iglesia San Miguel, Edwin Román, quien da testimonio de toda la represión que se vivió en Masaya a manos de grupos paramilitares y la Policía Nacional desde abril.

Por su parte el Párroco de la Iglesia San Jerónimo José Espinoza, manifestó el pasado 8 de agosto en un comunicado que "este año no habrá procesión, considerando la situación actual que acontece en la ciudad" manifestó.



Estas fiestas son las más largas a nivel nacional, y antes de la bajada de San Jerónimo, San Miguel sería recibido por una ovación de feligreses en el atrio de la Iglesia, en el mismo lugar donde el pasado domingo 9 de septiembre el párroco Román fue empujado por el comisionado general de la Policía Nacional, Ramón Avellán.

Aunque los Obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua han orientado que las fiestas patronales en las diferentes ciudades del país se caractericen por un ambiente de oración y sobriedad, el Gobierno por medio de sus comunas orteguistas tratan de imponer la “normalidad” con el desarrollo de sus propias actividades.

La iglesia cercana con el pueblo, aseguro a inicios del mes de agosto que “no tendremos procesiones con la imagen de San Jerónimo”. Para el presbítero Román, la actitud de realizar actividades como las fiestas patronales implican “una burla a Masaya, estar bailando y estar gritando con tantos muertos que ha habido (…) eso es una bofetada que le están dando a los Masayas”, expresó el sacerdote.