La Gaudium et Spes en relación a la ayuda que la Iglesia procura dar a la sociedad humana dirá que:

en virtud de su misión y naturaleza, no está ligada a ninguna forma particular de civilización humana ni a sistema alguno político, económico y social, la Iglesia, por esta su universalidad, puede constituir un vínculo estrechísimo entre las diferentes naciones y comunidades humanas, con tal que éstas tengan confianza en ella y reconozcan efectivamente su verdadera libertad para cumplir tal misión (n° 42).

Siguiendo esa línea de trabajo, el Papa Francisco en su atrevida forma de orientar a la Iglesia hacia la manera del Concilio, dirá en la Evangelii Gaudium que, “la iglesia vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva… la Iglesia sabe “involucrarse”” (n° 24).

Estas dos visiones conjuntas de la función de la Iglesia en la sociedad y la postura que ésta debe tener al respecto nos lleva a preguntarnos ¿Es la Iglesia católica testigo de la fe en Costa Rica en medio de la crisis? Esta pregunta surge como producto de dos momentos y dos realidades concretas. La pregunta no surge de algo al aire, sino de una acción esperanzadora para el pueblo de una institución bimilenaria experimentada, silenciosa, potente, evangélicamente profética cuando actúa como debe, no es una cuestión desconocida hoy día de su postura contraria en la historia y de su buen actuar también. La iglesia de hoy está orientada a reconocerse profética, reconocer al sujeto evangélicamente necesitado del encuentro y acompañamiento, así como de aquel que debe ser denunciado.

La Iglesia en Costa Rica

Comienzo esta meditación con la Iglesia de Costa Rica por el hecho de vivir en este país. Ya los medios de comunicación han realizado diversas posturas políticas, económicas y sociales al respecto de la crisis fiscal que se vive en Costa Rica. Se conoce de la postura difícil que vive la Iglesia partiendo de que políticamente, mediante la Constitución Política del país mediante el artículo 75 que la define como religión oficial del Estado.

Esta situación concreta y una experiencia social-política-religiosa vivida en el pasado mediante la promulgación de las garantías sociales lleva a la Iglesia a tener una postura complicada en cuanto a la toma de decisiones en acciones concretas y momentos precisos. Aunque en materia de “uniones igualitarias” y “aborto” su postura es radical y sin brazo a torcer, abogando obviamente a un tema de Dignidad Humana innegable.

En cuanto al tema fiscal el 26 de agosto el diario electrónico La República realiza una nota donde se cuestiona el beneficio fiscal a la Iglesia en materia de pago de impuestos por propiedades que van desde los 10 colones (0.56 córdobas) hasta os 10 mil colones (557 córdobas) a lo largo y ancho del país. Ante esto, hay un panorama bastante grosero también hasta cierto punto. Si la Iglesia pagara impuestos muchos de los procesos sociales que la misma administra serían afectados de manera que las personas atendidas serian menos, las personas contratadas por la Iglesia serían despedidas al tener menos presupuesto para esos rubros de pago.

Aunque la Iglesia en Costa Rica al respecto ha tenido una postura bastante silenciosa, es necesario aportar que también los medios de comunicación se han valido de dicho silencio para exponer los “beneficios fiscales” pero no para exponer los aportes sociales de la misma iglesia al País y de todos los beneficios que tiene el estado de la administración de instituciones y proyectos de parte de la Iglesia en las 8 diócesis que debería abordarlos el Estado.

El día 31 de julio el Movimiento Sindical costarricense presenta al Estado y a la Iglesia católica una propuesta de reforma al proyecto fiscal 20.530 de manera que la Iglesia pasa a ser una mediadora en ese proceso que “desangra lentamente al pueblo”. La Iglesia es consciente no solo de la necesidad de que el Estado legisle a favor del pueblo, sino que también convoca a un diálogo que permita “la búsqueda de soluciones para el desarrollo integral y solidario de la población más vulnerable y empobrecida” (Comunicado del 13 de septiembre, 2918).

Este comunicado del 13 e septiembre abre no solo una oportunidad de la Iglesia de ser un sujeto activo de este proceso, sino que la obliga a estar de forma visible en favor de aquellos que más se ven afectados por la crisis. La Iglesia en Costa Rica necesita ahora más que nunca hacer eco de su salida, de su forma genuina de “involucrarse” en esto que es el futuro de todos los que vivimos en este país, ticos y extranjeros, pobres y ricos.

El panorama, por tanto, implica que la misma feligresía haga eco de la necesidad de que la Iglesia sea testigo de fe y esperanza en momentos de Crisis. El 2 de agosto durante la Eucaristía solemne, en la homilía, el obispo de Ciudad Quesada, Mons. Garita exponía que “es hora de acabar también con los privilegios escandalosos de unos pocos frente a las numerosas necesidades de una inmensa mayoría”, en esa misma homilía el obispo hablaba de unos aspectos medulares a tener en cuenta en la reforma fiscal, haciendo eco de unos verbos (respetar, conservar, promover, concretar, implementar) concretos que hacen eco de la Doctrina Social de la Iglesia, propuesta a la sociedad por la Iglesia en el siglo pasado. El aspecto 4 de dicha homilía dice textualmente que la reforma debe estar “basada en los principios de equidad y solidaridad… es hora de que en Costa Rica volvamos los ojos hacia los más pobres y se acabe con tanta desigualdad”, además de citar a Mons. Romero como modelo denunciante del pasado y del presente.

El 4 de febrero del 2018  ya la Iglesia a través del Semanario Oficial Eco Católico, hacía mención de la propuesta de los postulados a presidente de la Republica y en la editorial de esa fecha expresaba que “los retos que enfrentamos como nación no son pocos ni sencillos” a la vez que recordaba el papel del cristiano en materia política, es decir que, “su vocación como creyente lo lleva a involucrarse y a luchar por transformar las realidades de acuerdo a los valores de la justicia, la verdad, el bien común, la misericordia y la solidaridad”.
El 6 de mayo del 2018 (p.5) el mismo semanario realizaba una entrevista al economista Melvin Garita donde hablando de las reglas fiscales presentes en la legislación nacional aborda que:
Las reglas fiscales son sencillas, unas buscan que se gaste sólo lo que ingresa, o que el gasto no pueda ser mucho mayor que los ingresos. Otras buscan que el Gobierno no se endeude infinitamente, o sea, que no pase de cierto monto de endeudamiento. Son principios básicos que tanto empresas como personas aplican, el problema para nosotros no son las reglas fiscales, sino la irresponsabilidad política, cualquier persona, empresa y país puede -y debe- aplicar estos principios si quiere hacer las cosas bien.
De esta manera la Iglesia como tal no se aboca una denuncia o una palabra en su nombre, sino que sabiamente expone al pueblo una postura, un pensamiento crítico y concienzudo de la realidad legal y económica del país.

Ser madre en medio del dolor

            Las acciones visibles que realiza la Iglesia de Costa Rica se abordan de una manera totalmente diferente que, en otros países, obviamente, cada país tiene una realidad que marca, los movimientos sociales, políticos, quienes dirigen, y a la vez cómo concibe el pueblo mismo a la Iglesia. Desde estas diversas posturas a la Iglesia tica le toca un trabajo bastante complejo en cuanto a visibilizarse como madre que acompaña en medio de la crisis, del dolor de un país que gime no solo por la reforma fiscal como proyecto de ley, sino por aquellos hombres y mujeres de las empresas públicas que, mediante la huelga, luchan por hacer eco de su posición.

No solo se trata de que la Iglesia se defina a favor o en contra del gobierno o del pueblo, sino que sea bálsamo para los que sufren. Que como las vírgenes del Evangelio (Mt 25, 1-13) este atenta con sus antorchas encendidas para esperar al que llega, al que necesita, el que adolorido llegará a sus brazos para encontrar consuelo, acompañamiento, palabras justas, concretas, reales que no solo calmen el dolor de manera momentánea, sino que permitan al cristiano sentirse amado.

            Ahora más que nunca nuestros obispos han de asumir posturas evangélico-proféticas que respondan a la situación que se viva.

Óscar Úbeda
Docente de Educación Religiosa
Guía de Talleres de Oración y Vida