La diócesis de San Miguel trata de rescatar y habilitar el seminario menor donde se formó inicialmente Monseñor Romero. Allí ya funciona un pequeño museo con cosas que pertenecieron al mártir.


Mario Enrique Paz


Un par de sábanas, junto a varios pantalones y camisas, cuelgan en un alambre que cruza el jardín en el Seminario Menor San Miguel Arcángel. Las condiciones de vida (leáse comodidad y holgura) no parecen ser las mejores para un grupo de personas (seminaristas y sacerdotes) que conviven en el lugar. Es una casa enorme, de amplios corredores, pilares de madera, paredes en extremo gruesas (adobes de casi 50 centímetros), puertas de madera, tejas y un amplio jardín.
Ya sufrió reparaciones, en algunas paredes el cemento ha impregnado su huella, lo mismo sucede con el piso del patio central, que fue de ladrillo de barro, hoy solo una parte se mantiene original. El estado del seminario menor, en San Miguel, sobrevive por la voluntad de tres sacerdotes: Adrián Antonio, Norberto y Armando, los dos primeros imparten clases a los seminaristas, el tercero era el encargado de la diócesis para restablecer el museo de Monseñor Óscar Romero.
Discos de radio Pax que fueron trasladados al museo y ejemplares del periódico Chaparrastique en el Seminario Menor de San Miguel.
En uno de los cuartos donde el orden y el caos parecen convivir juntos se ha instalado el museo. El polvo tiene un medio reino también instituido.
—Los muchachos al regresar de clases limpian, pero no pueden darle el mantenimiento adecuado. Es necesario reparar todo el seminario para poder así también ordenar el museo.
La frase del padre Adrián tiene vigencia en el marco histórico de la beatificación. En el seminario hay incluso una pequeña capilla que construyó Monseñor Óscar Romero, la madera del altar se conserva, el piso pasó a ser de cemento.

No hay un presupuesto establecido para el rescate del seminario y a decir de los sacerdotes la diócesis no cuenta con el recurso económico para ello.
De hecho es el padre Armando quien ha ido recogiendo pieza por pieza para luego colocarlas en el lugar.

—Cuando me dijeron que rescatara el seminario menor y vine acá, me decían: “Aquí dormía el padre Romero”, “aquí comía el padre Romero”, me di cuenta de que entre esas paredes había una gran historia para restaurar.
La mitra también se encuentra en San Miguel. Hay parte de la indumentaria del que para ellos es Del padre Romero.

Una pieza de singular significado es un reloj Lorus que perteneció a Monseñor y que fue obsequio de Saida Romero al padre Armando.
—Yo la asistí en su lecho de muerte, le di la extremaunción. Cuando terminé vi la imagen de Monseñor en la pared y le pregunté: Y a él ¿para que lo tienen allí? y con su respuesta se me aflojaron las canillas.
—Él me espera en el cielo, el es santo y el es mi hermano.
En aquel encuentro también le regalaron unos calcetines de Romero color maravilla que tenía que usar en un encuentro en Roma con el papa Pablo VI y los aparatos donde escuchaba música.
En el museo también está un proyector donde transmitía películas a reos, seminaristas y niños la doctrina, ejemplares del periódico Chaparrastique, discos de la extinta radio Pax.

La idea del padre Armando es que se haga una evaluación completa del seminario y que se realice la restauración.
—Un buen día el mundo preguntará dónde está el lugar donde se formó Monseñor Romero y no le podemos mostrar el seminario en las condiciones actuales, todavía se puede rescatar.