Canto final
a Nuestra Señora
Pablo Antonio Cuadra

Si te nombro en el día
el día se me llena de alegría
y se llama María
la alegría total
concebida sin mancha original.

También cuando en la brisa
matutina mi ruego elevo alado
la aurora es la sumisa
esclava a tu dictado
y tu sonrisa enciende todo el prado.

Todo el prado cantando
se concreta en los labios de la rosa
y el perfume girando
su rueda deleitosa
al tiempo enseña su medida airosa.

Por eso te decimos
Reina del Tiempo y de su ley Señora
porque en Caná te vimos
adelantar la hora
y a tu ruego la noche se hizo aurora.

Tu voz es la que inicia
el místico gemir de los jazmines
nostalgia de violines
y es música y caricia
y es canto y es amor y es delicia.

Pero es más tu mirada:
escala de Jacob que yo prefiero
al cielo levantada
de lucero en lucero
para subir al reino del Cordero.

Cuando el Señor te dijo
colgado por amor en el madero­-
‘Madre he ahí a tu hijo’,
yo fui el heredero
de la Madre del Hijo verdadero.

Por eso en el dolor
si se cierra la noche en llanto-
te inclinas con amor
y me cubre tu manto
¡el que llevaste, Madre, al Monte Santo!

Vuelva, pues, a Belén
mi vida pecadora
para nacer de nuevo en su portal,
y pues tu mano santa y maternal
abre la puerta del Supremo Bien:
déjala, Señora,
entreabierta ahora
y en la hora de nuestra muerte. Amén.

ORACIÓN
Fernando Silva

Flor de marango,
agua dulce,
rama de naranjo.

Una tarde como un cabrito degollado
sobre la piel de María.

Pájara Virgen María,
María,
Virgen del alma mía,
de mi alma Virgen María.

Ave María
Azarías H. Pallais

¡Lucero del alba dame tu candor!
los ojos del niño cuando no sabía,
vieron los encantos del Ave María.
¡Lucero del alba dame tu candor!

¡Y bendita sea tu pureza, digo!
niño, en el regazo de la madre mía,
supe los encantos del Ave María.
¡Y bendita sea tu pureza, digo!

¡Mi madre y la Virgen, las dos: fuera de ellas!
Líbranos del malo, líbranos también
de todos los hombres blasfemos. Amén.
¡Mi madre y la Virgen, las dos: fuera de ellas!

¡Madre, madre, madre!: árboles floridos
son estas palabras, por ellas, mi verso,
vale más que todos los bancos unidos
en la compañía del lucro perverso.

¡Los ojos de todos los niños sencillos!
Pozos que extasiados vibran de alegría,
por las dulces rosas del Ave María.
¡Los ojos de todos los niños sencillos!

¡Los ojos del niño, perlas encantadas!
por ellos mis versos siguen el camino,
que abrió en las mil noches, Simbad el Marino.
¡Los ojos del niño. Perlas encantadas!

¡Madre, niño, Virgen. Lucero del alba!
con estas palabras que son las mejores,
saludo a la reina de castos amores,
¡Madre, niño, Virgen. Lucero del alba!


La Virgen María dándole de mamar al niño

(Paul Claudel)

¡No por ser este niño el hijo de DIOS, va a dejar de ser
buena la leche de esta mujer!

El niño agarra con una mano el pecho
derecho y con la otra mano
detiene el pecho izquierdo
como si lo estuviera guardando para después.

Se nota que el niño
es bueno para mamar y se pega
al pecho con ganas,
como un glotón.

Hace una eternidad que el niño DIOS ha estado
esperando este momento para mamar la leche del pecho
de una mujer.
No hay que extrañarse, pues, que el niño agarre
el pecho de su madre como si fuera a devorarlo.

La Virgen se conmueve de amor
aunque no ignora que tiene entre sus brazos
a un niño hambriento.

Ella dice en voz baja que es cierto que
el niño es terrible
pero a ella le gusta mucho
ver cómo goza el niño mamando.

Se pudiera decir que el niño es un comensal
que simplemente está comiendo y bebiendo
de su pecho;
pero a la Virgen eso no le importa nada.
A ella lo que le gusta es verlo feliz y satisfecho mamando.

Después que el niño deja el pecho, se le acurruca
en el hombro, queriendo ver de cerca la cara de María,
cerciorarse mejor sobre lo extraño que le resulta,
al fin y al cabo, a Dios
tener una madre humana.

María también queda viendo al niño y piensa que es una vaina
que el hijo suyo que carga entre sus brazos
lo tiene además que compartir con DiosPadre.

Entonces lo que ella hace es reírse
y el NiñoDios se da cuenta, claro,
y moviendo las patitas
se ríe a carcajadas.

(Versión libre de Fernando Silva)