Día 245 de la lucha contra Herodes, desde el exilio.

Querido Teófilo:

Me alegro de escribirte porque sé que en este tiempo de celebración estamos todos unidos en un mismo corazón y un mismo sentir, por la amada y perseguida Iglesia de Nicaragua. Ya habíamos escrito hace muchos siglos algún libro que diera esperanza a nuestros hermanos perseguidos, sabes que Juan recibió una Palabra certera que dio fuerza a nuestros hermanos en ese tiempo.

Hoy la situación no es del todo diferente. Ahora precisamente que te escribo estas letras, recuerdo un encuentro con la Comunidad de Mateo en que comentaba cómo el Rey Herodes estando fúrico por la jugada de los extranjeros que llegaron a ver al Niño, había mandado a matar a los niños menores de dos años de Belén y alrededores (Mt 2, 13-18). La situación no cambia querido Teófilo.

El Herodes de hoy ha matado a más de 500 hermanos nuestros, que estaban en la lucha cívica, sin armas, para que respondiera por sus once años de violencia simbólica, violencia directa hacía nuestros hermanos, violencia cruenta hacia nuestros ancianos y hacía nuestros presbíteros. Varios Presbíteros se dejaron llevar por las propuestas del enemigo, algunos han caído en el olvido.

Es de comentarte que en la época de oro del sacerdote Obando y Bravo la Iglesia derrocó al dragón infernal con una homilía hermosa, eso nos dio a los cristianos fuerza para salir adelante. Luego Herodes volvió al poder y el sacerdote que en otro tiempo fue orgullo, en esta época ha sido decepción.

Hoy los hermanos están desaparecidos, muchos de ellos encerrados en las mazmorras de Herodes. De nuestras mujeres que han sido fieles a la justicia, la libertad, la paz, están ahí encerradas, siendo víctimas del sistema imperial. Víctimas de la tristeza, pero ellos, todos ellos saben que nuestras oraciones están con ellos, que nuestras manos trabajan con pequeños gestos para que su tiempo sea cada vez más corto.

Recuerdo nuestras pláticas a orillas del Lago Cocibolca, recordando las historias que nos contaban de nuestro Salvador, sí hermano, esas historias están hoy vivas gracias al testimonio de nuestro profeta, él denuncia con fuerza en todos los medios posibles. Subió al Carmelo y ahí encontró la fuerza para gritar desde lo alto y lo bajo, que la injusticia es condenación eterna. Grita con tanta fuerza que ha sido víctima de los viles servidores del maligno. Herodías ha lanzado su veneno por todos los medios posibles, tiene unos viles servidores que han perdido la libertad, no piensan, no hablan más que lo que se dicta en el palacio de El Carmen.

Desde el 18 de abril nuestros hermanos han salido en búsqueda de mejores condiciones. Roma ha dejado de enviar ayuda al país, las rutas comerciales han sido cerradas. Los pequeños negocios de los que vivían nuestros hermanos han sido cerrados, muchos de ellos fueron saqueados por orden de Herodes y Herodías, los soldados parecen zombis matando sin respeto de la Ley de Dios.

Para concluir esta pequeña carta, solo te pido que ores mucho por nosotros. Estamos igual que vos en el exilio, lloramos y oramos, estamos viendo cómo podemos ayudar cada vez más a nuestros hermanos. Nuestro grito sigue siendo, ¡Ven, Señor Jesús!

La Iglesia de Nicaragua en el exilio.