Monseñor Rolando Álvarez, Obispo de la Diócesis de Matagalpa presidió la Eucaristía dominical en la Catedral de Matagalpa, en su homilía el prelado invitó a los fieles a conversión.

“En el segundo domingo de Adviento se habla de la conversión, dice Juan el Bautista: Preparen los caminos del Señor, allanad sus senderos; los valles serán rellenados, lo torcido será enderezado, lo escabroso será camino llano. Y toda carne verá la salvación de Dios”. Tenemos que convertirnos en este tiempo de Adviento, lo decíamos el domingo pasado, no caigamos en el error, en la tentación de vivir este tiempo en la rutina de la ordinariedad, el Señor nos invita a esperarle para que no nazca en un corazón frío sino en un corazón cálido que le espera con alegría, por lo tanto, es bueno revisar los vicios que durante una vida no hemos logrado abandonar” dijo el prelado.

Continúo manifestando que “es tiempo de conversión, de cambio de vida, por lo tanto, les recuerdo hacer un proyecto con tres o cuatro puntos de cambio en los que centremos nuestra atención, fuerza y lucha para mejorar y cambiar de vida. En este sentido quisiera nos dejáramos iluminar por el papa Francisco que hablando de la conversión se refiere a tres aspectos: Llenar el vacío de la indiferencia, dejar el orgullo y la soberbia y abrir caminos en el desierto. Reflexionemos cada uno, porque muchas veces caemos en el aislamiento del otro, el ser indiferente al otro, como si no existiera, no valdría la pena, como si el otro se merece un desprecio”

Finalmente dijo que “así como Juan el Bautista abrió camino en el desierto, nosotros debemos abrir camino en el desierto, aun en los momentos difíciles de la vida, de oscuridad, el creyente abre camino en el desierto porque el creyente tiene su esperanza en Cristo el Señor y salvador, y Cristo no defrauda. Si al final del desierto está Cristo y nos toca atravesar ese desierto con todo lo que implica; arenilla, dureza del sol, infertilidad, pero con la esperanza puesta en Cristo que está al otro lado del desierto les pregunto: ¿Se quedarán parados, no cruzarán viendo a Cristo al otro lado? Yo pienso que aunque nos cueste pero estando Cristo allá al final nosotros vamos abriendo el camino y lo árido se convierte en valle de vida abundante”