Origen de la crisis económica y falta de acceso a información.

Desde el 18 de abril del año pasado, la política económica y ambiental del gobierno actual y la escalada represión por parte de las fuerzas parapoliciales fueron las que desataron una crisis política y social que nos tiene sumergido como nación en la mayor polarización entre nicaragüenses en los últimos diez años.

Recientemente el gobierno de Nicaragua presentó una propuesta de reforma fiscal un tema de interés para todos y todas pues es una de las políticas económicas más importantes con las que cuenta un gobierno.

 Es a través de esta que podemos observar las diferentes obras y servicios que el Gobierno y el sector público nos devuelve por pagar nuestros impuestos de manera directa o indirecta, lo cual funciona para mejorar el desempeño económico del país y el nivel de vida de sus habitantes. En ese sentido, es imperante que la información sobre esta política sea publicada de manera íntegra, eso es lo correcto que debe de hacerse.

Existen muchos vacíos respecto a la información que brinda el gobierno sobre este tema. Por ejemplo, el gobierno de Nicaragua es calificado por la Encuesta de Presupuesto Abierto, del International Budget Partnership, como  un país que brinda “información limitada” acerca del presupuesto público nacional. Esta encuesta mide cada dos años los niveles de información que brindan los gobiernos centrales al público.

Aspectos de la reforma tributaria
Según el economista Néstor Avendaño, en un artículo escrito que tituló: ¿Reforma tributaria en recesión económica? Dice que: La reforma de la Ley No. 822, “Ley de Concertación Tributaria”, presentada a la Asamblea Nacional  por el Poder Ejecutivo el 28 de enero recién pasado, muestra objetivos recaudatorios para facilitar el financiamiento de un creciente déficit fiscal, producto de la caída de los impuestos recaudados por el Gobierno Central por el desplome de la producción de bienes y servicios.

  • El fortalecimiento de la recesión económica, técnicamente registrada en el país desde el tercer trimestre de 2018.
  • La disminución de la demanda de productos por precios más altos resultantes de la eliminación de las exoneraciones y exenciones del impuesto al valor agregado (IVA), y las alzas de las tasas tributarias del impuesto específico de consumo de cigarrillos (IECT) y del impuesto específico de consumo (ISC)  de las bebidas alcohólicas y bebidas azucaradas.
  • El aumento del contrabando de bienes de la denominada industria fiscal, principalmente cigarrillos que no cumplen los requisitos de calidad y podrían elevar los gastos presupuestarios de salud y también de seguridad interna por la proliferación de las bandas de contrabandistas.
  • Las reducciones de la liquidez, el capital de trabajo y, muy probablemente, la rentabilidad de las empresas generadas por las modificaciones del impuesto sobre la renta (IR).
  • La mayor aceleración de la caída de la producción de bienes y servicios ya prevista para 2019, antes del anuncio de la reforma tributaria, que alentaría el riesgo de la depresión económica al tomarse en cuenta los impactos de la aplicación de la “Ley de Derechos Humanos y Anticorrupción de Nicaragua de 2018”.
  • El desestímulo a la inversión privada, tanto por la disminución de la producción y del gasto de consumo de los hogares.
  • La destrucción de puestos de trabajo formal, el incremento del subempleo y del desempleo, y la expansión del mercado informal.
Continúa diciendo que “la aplicación de reformas tributarias en momentos de recesión económica no es prudente ni aconsejable. Sería mejor que se consideraran reducciones y restricciones del gasto corriente o del consumo superfluo contenido en el presupuesto nacional, lo cual implicaría la evaluación de la productividad de los servidores públicos y la readecuación del tamaño del aparato gubernamental”
El economista sostiene con argumentos que “la propuesta de reforma tributaria no ayudó a esclarecer a la población cuáles serían los productos procesados industrialmente que estarían gravados con el IVA, lo cual elevaría los precios de esos productos y disminuiría su consumo en los hogares y el volumen de sus ventas en las empresas que los producen. Esto podría provocar la reducción del monto esperado con la nueva recaudación del IVA.”

Destaca además que “entre los bienes afectados por la eliminación de las exenciones y exoneraciones del IVA, cabe mencionar, entre otros, agroquímicos, productos veterinarios, alimentos para el ganado, aves de corral y animales de acuicultura, maquinaria agrícola y sus repuestos, materias primas de productos de consumo básico, el arroz de calidad superior, café, aceite comestible distinto al de soya y de palma, pan dulce tradicional, bebidas no alcohólicas a base de leche, productos de higiene personal, paneles y baterías solares, y lámparas y bujías ahorrativas”.

El analista concluye que “ojalá los servidores públicos reflexionen sobre el impacto macroeconómico de esta reforma tributaria, que incluso en tiempos de bonanza económica contiene algunos aspectos controversiales para el mantenimiento de un crecimiento económico suficiente y sostenible”

El Magisterio de la Iglesia sobre la economía

San Pablo VI escribió en la carta apostólica Octogésima Adveniens #4 : «Incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de su país, esclarecerla mediante la luz de la palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción según las enseñanzas sociales de la Iglesia…»
Quiere decir, según Pablo VI, que es importante conocer los documentos del Magisterio que sistematizan esas enseñanzas sobre la economía contemporánea. Pero, sobre todo, la clave es conocer cuáles son las lecturas de la realidad que hacen las comunidades cristianas, —no sólo los católicos—, cuáles son los análisis y juicios éticos con que escudriñan esa realidad y cuáles las acciones que emprenden junto a hombres y mujeres de buena voluntad.

Los documentos del Magisterio exigen una economía diferente

Sin duda, es importante saber que la Iglesia en los Documentos oficiales ha sido clara en afirmar que una economía que se preocupa sólo por el crecimiento y no por el paso de todos a condiciones de vida más humana, no es una economía que sirva al desarrollo de la humanidad.

 Que un crecimiento económico que no es regido por un objetivo moral fácilmente se vuelve contra el género humano para oprimirlo. Que un capitalismo que no se construya en torno a un núcleo de valores morales, es inaceptable.

Que el capital siempre deberá ser un instrumento al servicio del trabajo humano y no a la inversa. Por eso los retos principales —hoy y desde hace décadas— no consisten en elevar los pueblos al nivel de los hoy «países ricos», sino en «fundar sobre el trabajo solidario una vida más digna, hacer crecer efectivamente la dignidad y la creatividad de toda persona».

Que hay que superar el «imperialismo internacional del dinero» y llegar incluso a reformas del sistema internacional de comercio, del sistema financiero y monetario mundial, de los modos de intercambio de tecnología y de la estructura de los organismos financieros internacionales. En fin, hay que construir una sociedad y una economía nuevas donde prevalezca la búsqueda del bien común de toda la humanidad, la preocupación por el desarrollo espiritual y humano de todos y todas en lugar de una dinámica que conduce sólo a perseguir el provecho de algunos.

 Todo esto y más está contenido en los documentos del Magisterio Social de la Iglesia. Pero todo esto y más se escribió gracias a que Papas y Obispos oyeron el clamor del pueblo, pusieron atención a esas comunidades cristianas que analizaban las causas de sus problemas, formulaban directrices para entenderlas éticamente y proponían líneas de acción.

Juan XXIII recalcó que las auténticas Enseñanzas Sociales de la Iglesia son las que, antes de juzgar y actuar, empiezan por «ver» —añadamos «oír»— las angustias y necesidades, las protestas y las luchas de los pueblos. El Vaticano II, a su vez, lo expresó diciendo que los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de los discípulos de Cristo, no son otros que los que tienen los hombres y mujeres de nuestro tiempo, especialmente los pobres y cuantos sufren. Reflexionando sobre esa realidad y expresando esa reflexión en Enseñanzas es como surge lo que llamamos «Magisterio Social de la Iglesia». Éste no puede sino expresar lo que nos enseña y nos habla el rostro y la voz de Cristo en todas las víctimas de la injusticia, especialmente la que es producida por el mismo funcionamiento de la economía.

Para preguntarse, entonces, de modo correcto por «lo que dice la Iglesia» sobre la economía y la crisis hoy, hay que estudiar y entender que el Magisterio Social de la Iglesia tiene dos momentos: el de su gestación al nivel de las comunidades, que son parte del pueblo que sufre, y el de su formulación escrita en documentos formales de orientación. Es preciso atender a lo que se dice en esos dos niveles si queremos identificarnos con el sentir de la Iglesia.

Nos toca como hijos de Dios, orar, reflexionar y posicionarnos desde cada espacio como cristianos comprometidos en que las propuestas económicas que se están haciendo en Nicaragua no benefician a las grandes mayorías sino al contrario ponen en riesgo la economía de las grandes mayorías que son los que siempre están excluidos y empobrecidos.