Ha concluido la Jornada Mundial de la Juventud, realizada en la ciudad de Panamá,  actividad donde se reunió  la juventud de todo el mundo y que  contó con la presencia de la  histórica primera imagen peregrina de nuestra señora de Fátima.

Después de más de medio siglo de peregrinación, en el que la Imagen visitó alrededor de 64 países de todos los continentes, algunos de ellos varias veces, la Rectoría del Santuario de Fátima dijo que desde el año 2000 la imagen no salía de su Santuario en Portugal.

Durante su peregrinación a la JMJ, la madre de Cristo, madre de la Iglesia que se hace joven para reflexionar, orar y compartir  desde las vivencias de la fe de miles de jóvenes, fue acogida en el parque de la Juventud, ahí miles de personas se acercaron a ella para pedir por sus necesidades, para darle gracias y para pedir por las naciones y pueblos que se encuentran en situaciones difíciles.

Con la Indulgencia plenaria se obtiene la Presencia Maternal de la Madre



La Arquidiócesis de Panamá recibió el beneplácito de parte de la Penitenciaria Apostólica del Vaticano, para que se  obtuviera la indulgencia plenaria ante la presencia de la Imagen Peregrina de Fátima siempre que los fieles cumplieran con las condiciones habituales para estas circunstancias de confesarse, participar en la eucaristía y comulgar; y rezar por las intenciones del Santo Padre.

De acuerdo con las normas de Sor Lucía, la más antigua de los tres videntes de Fátima, la Imagen Peregrina de Nuestra Señora de Fátima fue donada por el Obispo de Leiria y coronada solemnemente por el Arzobispo de Évora, dos diócesis en Portugal el 13 de mayo de 1947.

El alma se consoló ante la presencia de la Madre de Jesús por parte de tantos peregrinos, también de otros tantos y tantos que encuentran en la Virgen refugio y fortaleza para vivir alegres y consolados en medio de las dificultades de la vida.



La Virgen es mediadora de gracias, son muchas las personas, fieles y devotos que han experimentado la protección de María y hoy nosotros nos unimos a ellas encomendando a su mediación el futuro de nuestras familias y amigos, también, como no, de aquellos que no conocemos y más la necesitan.

La Santa Madre de Dios no sólo nos visitó sino que ha querido quedarse con nosotros. Dejó estampada misteriosamente su sagrada imagen en nuestras Iglesias y en nuestro corazón para que la tuviéramos bien presente, convirtiéndose así en símbolo de la alianza de María con cada creyente, a quienes nos confiere alma y ternura.