Felipe Monroy | https://siete24.mx

Como parte del testimonio de los actos de persecución institucional contra la las organizaciones sociales y religiosas que hacen diferentes regímenes políticos en el mundo, el obispo de Granada (Nicaragua), Jorge Solórzano, compartió sus reflexiones como líder religioso de una comunidad asediada por los temores y confusiones de un gobierno en crisis.

Basta mirar los medios de comunicación en Nicaragua para comprender un poco el clima de miedo: este 13 de febrero el sacerdote Edwin Román fue retenido y golpeado por policías en Masaya, acusado de presuntas faltas cívicas, pero al final lo dejaron ir; en julio pasado, luego que el  presidente Daniel Ortega calificara a los obispos de golpistas, el obispo Abelardo Mata sufrió y denunció agresiones de paramilitares y partidarios del régimen orteguista permitidas por la policía nacional; finalmente, el caso del obispo Silvio Baez es paradigmático: de manera sistemática recibe amenazas y agresiones de miembros y partidarios de un régimen que parece no permitir críticas.

La crisis política y social en Nicaragua ya ha cobrado víctimas mortales; por ello, el obispo Solórzano hace un balance de las dificultades para los agentes cristianos y humanistas en su país en medio de un régimen lleno de confusiones y una violencia institucional polarizante:

“El pueblo no quiere violencia. No quiere guerra porque ya ha tenido esta experiencia y sabe lo doloroso, traumático y las consecuencias tan negativas para la persona humana que trae la guerra. Por eso ha optado por una protesta cívica, desarmada, pacífica”.

En los momentos más difíciles de la crisis (mediados del 2018), el obispo rememora que “cuando había muchos heridos, los católicos transformamos nuestras parroquias en hospitales de campaña, pero nunca lo hicimos y lo aclaramos, para apoyar a ninguno de los bandos. Sino haciéndolo como un valor humano, un humanismo. Pero hay confusión, nos acusan de apoyar a los contrarios y entonces viene la persecución”.

Solórzano explica que, de manera insistente, los liderazgos religiosos y de organizaciones ciudadanas en Nicaragua han llamado al diálogo, “pero los gobernantes no hicieron caso”.
“La situación -declara el obispo en entrevista- es desesperante, angustiante, porque temo que la economía va cada vez peor, va hundiéndose; la situación política no mejora y el pueblo quiere una solución pacífica. Y el diálogo es fundamental en esto”.

Pero el diálogo se ve lejano, primero por la descalificación del régimen a sus interlocutores y, segundo, porque no hay voluntad política. Solórzano considera que los personajes que tienen responsabilidad política son los primeros que deben manifestar esa voluntad.

Justicia y democratización del país, esas son las columnas del diálogo que propone la iglesia católica y las organizaciones sociales en Nicaragua. Puede haber matices -justifica Solórzano-, pero son los mínimos indispensables para que el país salga del impase: “Para que Nicaragua siga adelante, siga mejorando, hay que evitar la perturbación que se hace en las comunidades sobre aquellos que están a favor del gobierno y otros en contra. Pienso que si hay voluntad política pueden convivir esas realidades”.

“Por supuesto, cada uno tiene su forma de expresarlo -incluso dentro de la propia Conferencia de Obispos-; pero en el contenido todos estamos muy claros, hay unidad de criterios: Estamos muy convencidos en que la salida para Nicaragua es el diálogo correcto por la justicia y la democratización del país. Amamos el diálogo y queremos el diálogo. Como Iglesia creemos que el sentir del pueblo es ese; que se sienten a la mesa todas las partes, todos los nicaragüenses, a atender la crisis que se está viviendo”.

Pero el diálogo al que ha accedido la autoridad nicaragüense no ha sido fructífero, principalmente por la confusión de principios, valores y discursos que enarbola el régimen orteguista. “Es cierto -reconoce Solórzano-, es muy difícil. En Nicaragua era más fácil en los años 80 en la primera revolución sandinista, que era una confrontación radical, un enfrentamiento frontal. Uno ya sabía de qué lado estar. Ahora es una confusión o manipulación horrible. Por eso cuando nos invitaron al diálogo en la primera ocasión uno de los miedos era que manipularan la situación. Que dijeran al pueblo que los obispos apoyaban al régimen; pero, al mismo tiempo, ellos continuaran con el irrespeto a los derechos humanos de los ciudadanos”.

Para desmontar la manipulación, el obispo Solórzano considera que los católicos en Nicaragua deben “vivir el evangelio con más pureza y los valores humanos y cristianos con más nitidez. Aunque siempre haya intentos de confundir”.