La gastronomía nicaragüense va más allá de libros de recetas y códigos de especialistas. La nuestra, la que nos distingue y nos hace únicos, salió de las cocinas de nuestras abuelas y tiene más de tradición y amor por lo auténtico que de dogmas de la alta comida.
Cada departamento, región e incluso barrio, tiene sus puntos distintivos para llevar a la mesa de nuestros hogares y agradar el paladar de familiares y amigos, en fechas tradicionales como la Cuaresma.

Por ejemplo, en León la sopa de queso es especial. El jocote y el queso quesillo son dos de los ingredientes esenciales para confeccionar esta verdadera exquisitez.

Se nixqueza el maíz desde un día antes y el viernes muy de mañana lo llevan al molino. Ahí lo procesan junto al queso para luego agregarle sal, achiote y el recado que luego la pondrá espesa.

Seguidamente coloca las verduras poco a poco, y por supuesto, el toque propio de todo leonés: dos docenas de jocotes, fruta de temporada de Semana Santa que le da un punto acido a la sopa.


Luego quien prepara la sopa se encarga de preparar con la mano y freír las tortas que luego acompañarán el caldo porque sin torta sería una sopa sin gracia, se le añade a este caldo algunos ingredientes que los antepasados no le ponían, como yuca, plátano verde, plátano maduro, además del tomate, cebolla y el recado.


El secreto es que, en lugar de agregarle queso seco a la masa para las tortas, le pueden adicionar queso quesillo, lo que las hace más gustosas.

Un dato importante es que en cualquier comidería de leonesa puede adquirir su taza de sopa de queso desde 60 córdobas.