En el año 2000 el Papa San Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina y durante la ceremonia declaró que cada segundo domingo de Pascua se celebraría en toda la Iglesia el Domingo de la Divina Misericordia.

Años antes, en 1980, San Juan Pablo II, ya había publicado su carta encíclica titulada “Dives in Misericordia”, sobre la misericordia divina, en la que anima a los fieles a regresar la mirada al misterio del amor misericordioso de Dios.

Amor misericordioso de Dios que se hace presente en la cruel y dura realidad que vive Nicaragua, desde abril del 2018, que dejó una sociedad polarizada, familias divididas, muertos producto de la represión y una grave crisis de Derechos Humanos.

La Iglesia Divina Misericordia no estaba llena de feligreses, sino de estudiantes. Era el viernes 13 de julio, los estudiantes abandonaron la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), ante una ofensiva militar ejecutada por fuerzas parapoliciales del régimen.

Decenas de estudiantes que mantuvieron ocupada las instalaciones de la universidad pública más grande del país durante dos meses y cinco días se refugiaron en el templo, ubicado en una zona residencial de clase alta y construido entre 2004 y 2006. Hasta ahí fueron perseguidos y durante 15 horas la iglesia fue atacada con un intenso volumen de fuego.

En la nave principal, donde el año pasado se desarrolló una misa de desagravio presidida por el cardenal Leopoldo Brenes, los estudiantes se ubicaron debajo de las bancas, en el piso, para evitar el impacto de los tiros que provenían desde la calle. Otra parte de jóvenes, incluyendo los heridos, médicos voluntarios y periodistas, permanecieron pecho a tierra en la casa cural, adonde se llega cruzando el parqueo, dentro de la propiedad eclesiástica que está cercada con malla ciclón.

La agresión a la iglesia Jesús de la Divina Misericordia duró 15 horas. Luego de las primeras horas de disparos, gracias a las gestiones del nuncio Waldemar Stanilaw Sommertag se logró que el Gobierno deje salir a los heridos que estaban en el templo. Con ellos también salió el periodista estadounidense Joshua Partlow, del Washington Post, quien había llegado a cubrir el ataque a la UNAN-Managua y se quedó atrapado junto con los estudiantes. Las demás personas pudieron evacuar hasta la mañana del sábado, también por gestiones del nuncio y de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN).



La única luz que esa noche y madrugada quedó encendida en todo el templo estaba en la capilla donde se encuentra la hostia consagrada. Una lucecita pequeña que funciona con baterías porque el servicio de energía eléctrica fue cortado. En esta capilla es donde mejor se observan las huellas del ataque: balazos en los cinco ventanales, hoyos de distintos tamaños en las paredes, en la imagen de Jesús de la Divina Misericordia e, incluso, en el sagrario. Los agujeros de la pintura "representan el sufrimiento del pueblo", dijeron los curas a los periodistas.

"Es conveniente ahora que volvamos la mirada a este misterio: lo están sugiriendo múltiples experiencias de la Iglesia y del hombre contemporáneo; lo exigen también las invocaciones de tantos corazones humanos, con sus sufrimientos y esperanzas, sus angustias y expectación", escribió Juan Pablo II en la Exhortación Dives in Misericordia.

Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino de Nicaragua.