“Crecen los obstáculos, verdaderas barreras de fuego, que impiden trabajar, adquirir bienes básicos, moverse.”

Contemplamos el pavoroso incendio que consumió la imponente catedral de Nuestra Señora de París, en Francia. La reacción de los franceses en general, así como de personas en todo el mundo ha sido de estupor y mucho dolor. Reflexionando sobre el tema, contemplamos los millones de personas que cada año visitan la catedral, y no sólo turistas sino a hombres y mujeres atraídos por Dios y por la trascendencia de una construcción en la que el arte gótico nos lleva a la dimensión del gran horizonte de cada hombre que nos dignifica tanto.

Es muy gratificante ver cómo todos los medios de comunicación sin excepción alguna, mostraban sin reserva, la fe, la consternación por este trágico suceso, en una Iglesia emblemática, dedicada a la Madre de Dios, joya de la arquitectura mundial, expresión de la fe cristiana de nuestros antepasados.

Inmediatamente los ciudadanos franceses y del mundo entero se comprometieron con la reconstrucción de la catedral de Notre Dame. El fuego que devoró a la catedral, es signo del fuego que tienen los creyentes y hombres de buena voluntad por devolver al mundo ese icono religioso.

Este trágico accidente lo he relacionado con lo que sucede en Venezuela. Un fuego lento la ha consumido durante veinte años. Han quedado las cenizas de muchísimas cosas: de la electricidad, del transporte público, de la educación, de la producción, del emprendimiento. Crecen los obstáculos, y las mentiras, verdaderas barreras de fuego que impiden trabajar, adquirir bienes básicos, moverse.

Sin embargo, hay muchos venezolanos dispuestos a reconstruir al país desde las cenizas y el arrase que ha dejado un mal gobierno populista y castrante de tantos años. En nombre de los pobres, se han hecho grandes negocios que dificultan la posibilidad de estructurar un país.

Tenemos hoy una ocasión de patriotismo. Notre Dame va a reconstruirse, Venezuela también. Estoy seguro y esperanzado. París y Venezuela: hay paralelismo.

Fernando Castro Aguayo
fcastroa@gmail.com