A las ocho de la mañana de este jueves las ciudades del país mostraron las primeras señales de que el paro nacional arrancó y avanza pese a las amenazas del gobierno con cancelación de licencias a los bancos y empresas transnacionales, cierre de tramos y de permisos para operar en los mercados populares, auditorías, multas y sanciones a las empresas que se unan al llamado de la Alianza Cívica.


El transporte colectivo de Managua bajó considerablemente en Managua, muchas unidades circularon a primera hora con muy pocos pasajeros. Las calles más traficadas de la capital podían ser recorridas sin prisa ni presiones debido a que miles de conductores de vehículos dejaron de circular.

Los mercados populares abrieron con menos tramos y tiendas al servicio de los ciudadanos así como menos compradores. Muchas personas corrieron a abastecerse como lo hicieron durante las protestas del 2018 y en los tres paros nacionales previos. El instinto de conservación y seguridad se ha impuesto hoy.


Los colegios privados cerraron para darle seguridad a los estudiantes, otros, como en Masaya, dejaron en manos de los padres de familia la decisión de si enviarlos o no a clases. En la ciudad de flores la opción quedó clara, miles de muchachos y muchachas se quedaron en sus casas.


Las universidades nacionales estatales abrieron pero el flujo de asistencia cayó drásticamente. En los colegios nacionales de primaria y secundaria la asistencia es irregular, en parte debido a las amenazas de directores y maestros orteguistas de que hoy harán exámenes y que los puntos de las pruebas serán determinantes para el primer semestre de estudios. Aún así, la asistencia no fue lo que esperaban.


Entre nueve y diez de la mañana es el horario de las tiendas comerciales, bares y restaurantes, que está diezmado por la crisis. Muchas empresas cerraron según lo anunciaron en las redes sociales.


Pese a que los bancos abrieron el paro nacional avanza. La represión del régimen no fue suficiente para detenerlo.