Sagrado Corazón de Jesús de la Histórica Parroquia de Xalteva en Granada, Nicaragua

DÍA I 

Por la señal de la Santa Cruz…
Acto de contrición: ¡Señor mío, Jesucristo…

Oración preparatoria

Oh Divino Corazón de Jesús, ven a morar entre nosotros, pues te amamos. Visita nuestro hogar como una vez Tú visitaste a tus amigos en Caná, en Betania, y en el hogar de Zaqueo, el publicano. Nosotros queremos poner a nuestra familia bajo tu protección, y tenerla en íntima unión contigo oh Sagrado Corazón de Jesús, Tú eres nuestro más fiel amigo. Nunca nadie nos ha amado como Tú lo has hecho. Y nosotros queremos amarte por aquellos que no te aman, ya que Tú eres nuestro Dios y Salvador. Tú eres también nuestro Rey y Señor. Ya que tantos desprecian tu realeza, queremos la manifiestes en nuestra familia. Toma Tú posesión de este hogar, donde reservamos un trono como lugar de honor para Ti.
Concédenos que el día de la entronización sea para nuestra familia y para Ti, un día de gran alegría y el principio de una nueva vida en total sumisión e íntima unión contigo. Queremos abandonar nuestro amor propio desordenado y amar a nuestro prójimo como Tú nos amas.
Oh Corazón de Jesús, te pedimos la caridad de los primeros cristianos, de los apóstoles, y de los mártires. Concédenos que otras familias puedan abrazar tu amor y que así, de familia en familia quiera todo el mundo someterse a tu realeza.

Oh Inmaculado Corazón de María, modelo perfecto de fidelidad a Nuestro Señor y de unión con Él, extiende y afianza en nuestros corazones y en nuestras familias el reinado de la caridad, el reinado del Sagrado Corazón de Jesús. Amén.
Lecturas para cada día del triduo
La lectura la puede leer un miembro de la familia dejando un espacio de silencio después de la misma para meditar en lo leído. Si se prefiere se pueden rezar la letanías del Sagrado Corazón de Jesús.
Día primero: Jesús invita a nuestra familia:
ENTRÓ A HOSPEDARSE EN CASA DE UN PECADOR [Conversión de Zaqueo. Lc 19,1-10]
Habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicomoro para verle, pues iba a pasar por allí.
Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa».
Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador».
Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo».
Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido».

JESÚS NOS HABLA:
«Yo soy vuestro Señor y vosotros sois mi pueblo» Pero yo ejerzo mi dominio por medio de mi Corazón, de mi Amor.
Deseo ser entronizado, no sólo como dueño de su hogar y de sus corazones, sino también como su hermano, como su amigo.
Participaré en su vida diaria, y estaré con ustedes, lo mismo durante su alegría que cuando les llegue algún sufrimiento.
Soy Jesús, su Salvador, y quiero proteger su familia frente a las fuerzas del maligno que intenta destruirla. Quiero que ustedes, tanto mayores como niños, no caigan en la esclavitud del pecado, ni en las angustias del miedo, de la preocupación o la tristeza.
Por eso, estoy dispuesto a derramar sobre ustedes mi Espíritu, que les instruirá, para que su alegría sea perfecta y nadie se las pueda arrebatar.
Pero yo no forzaré mi entrada en su casa y menos en sus corazones. Espero ser invitado. Espero que me digan: «¡Ven, Señor Jesús! Quédate con nosotros, que te necesitamos».
Si quieren que una imagen mía presida su hogar, que sea para juntarse algunos momentos a rezar ante ella cada día; para hacer de su familia una iglesia doméstica, que irradie su amor y su colaboración de apostolado a favor de la Iglesia universal; para participar con más devoción y más frecuencia en la misa y en la Eucaristía; para conocer más y cumplir mejor el Evangelio; para crecer día a día en santidad.
Te ofrezco mi Corazón herido, rebosante de perdón, amor, de vida que nunca terminará. ¡Espero tu respuesta!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.