El Padre Ignacio Pinedo S.J. aún con los dos relatos (de Don Nicolás Estrada y de Don Julián García) entrevistó a varios sierreños de la época (1968) tratando de confirmar y completar ambos relatos, recorrió valles y cañadas, entró en humildes casitas de tabla y techos de paja, grabó sus voces y escribió sus relatos.

Varían detalles, pero la historia es similar y se ha repetido de generación en generación. El Padre Ignacio se inclinó  a creer con veracidad el relato de Don Julián García Lara, que es el relato que ha llegado hasta nuestros días como la Historia “oficial” de la aparición de la imagencita y del inicio de su devoción.

Hay discrepancias sobre el lugar del hallazgo de la imagen, muchas personas mantienen que fue donde hoy se levanta el Templo de las Sierras, pero don Julián asegura que fue en el bosque cercano, y que donde hoy está el Templo era la casa de Vicente Aburto. Es algo lógico ya que Vicente debería cortar árboles en un bosque y según la tradición se llevó la imagen a su casa, donde de seguro al conocer la identidad del santito, como Santo Domingo de Guzmán, comenzó a tributársele culto en su hogar.

Otro aspecto polémico es el asunto relativo a la época de la aparición, hay una tendencia a suponer que la imagen es de tiempo “inmemorial”, que fue antes de 1885, pero no existe ningún documento que respalde esto, ninguna referencia a alguna capilla o iglesia que haya tenido antes la imagencita con ellos. En cambio Don Julián relata quienes hicieron la primera capilla de paja y como se fue transformando la devoción en Las Sierras.

La pequeña imagen de Santo Domingo de Guzmán mide apenas 20 centímetros de alto. Con todos los distintivos característicos del Santo en la iconografía universal: hábito blanco, capa negra, rosario, coronilla de cabello en la cabeza, lirios, y el perrito con la antorcha ardiendo a sus pies.

Lo diminuto de su tamaño unido al cariñoso lenguaje popular ha hecho que el pueblo le llame en diminutivo su “santito” “Santo Dominguito” “Minguito”. Su aspecto es bastante indígena, ello podría ser indicio de que pertenece al arte sacro autóctono, probablemente guatemalteco, rico en esta línea del arte sagrado.

El pueblo lo califica de “milagroso” y esto se debe a los muchos favores que son alcanzados por su intercesión.  Hasta los años 90 (del siglo pasado) podía notársele la “herida” que el machete de Vicente Aburto al cortar el madero negro le hizo a la imagencita. Lamentablemente en una de sus fiestas hubo un acto vandálico en el “Gancho de caminos”, donde la imagencita fue rota a pedradas y tuvo que ser restaurada, perdiéndose entonces la huella del machetazo de Vicente.

Mencionamos en la entrega anterior de estos relatos, los dos momentos en que la imagen fue secuestrada como respuesta a las cancelaciones de las bochornosas fiestas del Santo por parte de la Jerarquía eclesial: el Primero de Agosto de 1961 y el 13 de Julio de 1963. La primera vez cuando el Arzobispo González y Robleto vetó la fiesta, y la segunda vez cuando la imagencita fue traía a la Catedral de Managua fuera de sus fiestas para cambiar el estilo de las mismas.

A finales de Julio de 1963 la Curia Arzobispal envió a los medios de comunicación un comunicado que decía: “la tradición de traer a Santo Domingo está corrompida, hay en ella una noche de orgía en la que se ofende a Dios escandalosamente con borracheras y hartazgos, con prostitución, con juegos prohibidos y con horribles crímenes de sangre.”

Y para quitar toda duda o vacilación se dio a conocer públicamente por radio y prensa, y por una volante las orientaciones del Nuncio y del Arzobispo que no hubiera por parte de los Sacerdotes ningún culto público a la imagen del Santito de las Sierras.

El Primero de Agosto de ese año la imagen llegó, junto a sus secuestradores, al Templo de Managua, ellos exigían el repique de campanas, pero los Padres no podían tributar ninguna clase de culto a aquella imagen.

El 11 de Agosto de ese mismo año, Don Luis Hasbani (católico conocido por todos en la vieja Managua, organizador de la vela del barco de Santo Domingo) junto a su esposa llegan  a la Residencia de Santo Domingo de Managua buscando al Padre Pinedo; este fue el diálogo entre ellos:

-Padre, le traemos la imagen de Santo Domingo de las Sierras
-¿Dónde está?
-Ahí, en la valija del carro.
-¡Pero hombre, por Dios! ¿y cómo así? ¿qué pasa?
-Pues en las Sierras la andan peleando unos y otros, y la llevan de un lado a otro escondiéndolo y dejándolo en lugares impropios. Eso es indigno y yo se las he arrebatado. Aquí se lo traigo para que usted lo ponga en un lugar apropiado y termine esta vergüenza.
-Alto amigo: esa imagen tiene su lugar propio, el altar de las Sierras. Llévela de regreso, entréguela al capellán del Santuario, no anden jugando con las cosas sagradas.

Don Luis la llevó entonces de regreso a las Sierras.

No tardaron mucho los revoltosos en sacarla del Templo, ese mismo día a las 5:30 de la tarde se lo llevaron a la casa de Hernaldo Caldera, donde los fines de semana numeroso grupo de gente visitaba al santito, ocasión que muchos aprovechaban para emborracharse indebidamente.

El 20 de Agosto de ese año se difundió un manifiesto al pueblo Católico, en el que se anunciaba la decisión tomada en una asamblea popular en las Sierras, donde se anunciaba levantar una capilla al santito, al margen de la autoridad eclesiástica, que decía asi: “Acordamos, que por la tranquilidad y armonía religiosa de este valle, y la conservación de la sagrada Imagen de Santo Domingo de Guzmán, hoy declarada fuera de culto litúrgico por disposición eclesiástica, edificar una ermita en donde poder continuar venerando con amor y fe cristiana a través del tiempo como lo hicieron nuestros antepasados , la milagrosa imagen de Santo Domingo de Guzmán, patrono del pueblo de Managua.”

El 13 de Julio de 1964, el Arzobispo hace un nuevo intento de detener la “traída” del Santo a Managua, elevando el Templo de las Sierritas a Parroquia y nombrando un Párroco de carácter temporal, asi la fiesta de Santo Domingo quedaría de carácter Parroquial y no tendría que bajar a Managua.

Para ello el 30 de Julio acudió a Las Sierritas el nuevo Párroco P. Manuel Bereciartua,  a las 11:30 de la mañana se procedía a devolver canónicamente el culto a la imagen de Santo Domingo con las oraciones rituales del caso. Según los diarios de la época los Sierreños llevaron en una caja de cartón la imagen que había estado en un escondite durante casi un año.

El Primero de Agosto de ese mismo año el Santito fue nuevamente secuestrado, al poco tiempo de haber salido de la iglesia de las Sierras, algunos maleantes se apoderaron de la imagen. Esto hizo que el nuevo Párroco y la Guardia se movilizaran a buscarlo, encontrándolo en el barrio La Luz. Hubo que regresar la imagen a la procesión, esta vez con el Sacerdote acompañando la misma.

La noche del 11 de Agosto Lísimaco Chávez subía a las Sierras con centenares de hombres armados, tras el rumor de su llegada el Padre Ignacio se dirigió hacia allá y encontró campesinos armados de palos, machetes y pistolas para defender a su santito e impedir que nuevamente fuera secuestrado. El Padre Pinedo los convenció de encerrarse en la sacristía del Templo y que de haber necesidad él mismo los llamaría.

Un seglar convenció al Padre de esperar a Lísimaco revestido con sus ornamentos, así lo hizo, y al llegar éste y su grupo fue sorpresa encontrar al Sacerdote en la puerta del comulgatorio, El Padre le dijo que si quería pagar su “promesa” al santo, él no lo iba a impedir, pero debía dejar las armas, así lo hicieron entonces Lísimaco y sus hombres, y después el Padre los despidió. Esa noche se evitó un derramamiento de sangre en Las Sierritas.

A partir de entonces el Padre Pinedo luchó y trabajó arduamente por la dignificación de las Fiestas de Santo Domingo, organizó los comités de Cargadores y los catequizó, igualmente trabajó con los mayordomos, la policía y la Guardia para la prohibición de las cantinas, el alcohol, juegos de azares y prostíbulos; dando como resultado unas fiestas dignificadas de verdadero fervor religioso popular a partir de 1965.

Lamentablemente, después del terremoto de  1972 y la Revolución de 1979 pareció que todo el tesoro logrado por la dignificación de las fiestas se echó en saco roto, y estas volvieron a ser iguales o peores que las que conoció el Padre Pinedo en su Primer Agosto en Nicaragua en el año 1949.

En los años más recientes la Arquidiócesis de Managua y los Párrocos de las Sierritas batallan grandemente contra el “desorden” de estas festividades y luchan por una dignificación que poco a poco va  haciendo más religiosa la celebración anual de Santo Dominguito de Guzmán, el patrono popular de los Managuas.