En 1949 el Jesuita Padre Ignacio Pinedo vivía su Primer Agosto en Managua, había llegado en Diciembre del año anterior a la Iglesia de Santo Domingo de Managua, hoy conocida como “de los escombros”; la curiosidad sobre la famosa fiesta de Santo Domingo de Guzmán lo llevó a contemplar la “traída” del Santo el Primero de Agosto, su primera impresión fue negativa, desagradable; mezcla de asombro y de extrañeza.

“No lograba explicarme aquel espectáculo abigarrado de gritos incoherentes, estentóreos vivas, bailes extraños y, salteados aquí y allá, bochinches y escenas y gestos vulgares de borrachos sin cuento. Mi rechazo de todo aquello fue total” (1)

Con el pasar de los Diez días de permanencia del Santo en el templo, la impresión de rechazo del jesuita fue acrecentándose aún más al contemplar los chinamos y mesas de juego que pululaban alrededor del Templo.

Sin embargo fue diferenciando escenas completamente distintas a la mañana y al atardecer de cada uno de esos días: en el día eran filas interminables de devotos que se acercaban a su “santito” con amor, otros bailaban al son de la marimba; pero en las noches la realidad era otra: chinamos de juegos prohibidos, cantinas, balaceras, decenas de heridos, algún muerto.

Surgió entonces en el religioso la interrogante de desentrañar el misterio de esas dos realidades y se dio a la tarea de investigar la historia de la devoción a Santo “Dominguito” de Guzmán. Para ello preguntó a quienes lo rodeaban, no encontró explicación documentada ni convincente; incluso viajó a la Iglesia de La Merced, en León, atendida por los Padres Dominicos, quienes tampoco estaban enterados de ese asunto, más bien había en ellos una especia de repulsa por aquel vulgar relajo religioso popular.

Se dirigió entonces el Padre Pinedo a las Sierritas, al Santuario del “santito”, y ahí se encontró con el Mayordomo Nicolás Estrada “El Mocho”, quien llevaba cuidando el Santuario y era Mayordomo desde hacía 18 años (1931). El Padre Ignacio le pidió algún escrito sobre la devoción, Don Nicolás aseguró desconocer alguno pero le contó toda la historia que él conocía con aire pesaroso y apenado por lo desfigurada que estaban las fiestas.

El Padre Pinedo le pidió escribir el relato y esto fue lo que Don Nicolás, fiel a su palabra entregó al Padre Ignacio, escrito de su puño y letra sobre la devoción a Santo Domingo de Guzmán:

(Nota: la transcripción conserva la ortografía original del texto)

RELATO DEL MAYORDOMO NICOLÁS ESTRADA “EL MOCHO”, AÑO 1949:



“Datos recogidos por el Mayordomo de las Sierras, que actúa desde 1931 hasta 1949.

Datos dados por una anciana al Mayordomo de las Sierras. Su nombre era el de Juana Francisca Lara descendiente de las primeras familias que encontraron al Santo en este sitio donde hoy se ostenta el Santuario de las Sierras.

Dijo la señora, que murió a la edad de 109 años, que sus padres le contaron como fue encontrado el Santito en este lugar. Era monte espeso pero traficado. En ese mismo sitio vivía su hijo casado. Al pie de un palo de jícaro tenían su rancho. Y ese hombre en tiempo de preparar la siembra salió en ese entonces a rosar el monte y cuando sintió un sonido del machete que había tropesado cuando iba rosando le llamó la atención.

Y busqué qué sería. Y encontré a ese que teneís presente. Con un ligero machetaso en la cabeza. Entonses se lo llevó a su esposa que lo guardara porque se iba a llevar al cura de la iglesia de Vera Cruz, hoy parque Darío, y se lo entregué y le conté donde lo había hallado y el cura lo guardó en la iglesia en una repisa que es un palo parado y ensima una tabla. Y el labriego se fue. Tenían el costumbre de esos tiempos de venir a traer el agua a la playa, como le llamaban al que hoy es el lago de Managua; y ellos venían pero este que encontró al santo se fue en la mañana a su tarea.

Qual fue su sorpresa encontrar al santo en el tronco que lo había hallado. Y dijo: El Padre me lo volvió a traer se lo voy a volver a llevar. Llegó donde el curo y le dijo: Señor, porqué me llevó el Santito; lo he hallado en el mismo lugar. No, le dijo el cura, usted vió donde lo alsé; vamos a la iglesia. Abrió, buscó el santo y no lo encontró. Ese caso se repitió tres veces.

Entonces le dijo el cura al hombre que se encontró el santo que se llevara al Señor, que iba a una misión a Nagarote; que en el caminito que traficaran lo limpiara; y que el primero de agosto le trajera alegres con sus músicas típicas de aquellos remotos tiempos; y que él los iba a estar esperando en la iglesia. Así lo isieron y ya el 4 de agosto viene a misa de este Santo que usted no sabe como se llama: este Santo Domingo de Guzmán.

El 10 de Agosto se lo llevan a su sitio porque él allí quiere estar con ustedes. Lo llevan alegre como le trajeron le hacen sitio en el lugar donde lo encontraron: y lo veneran con respeto y cariño. El nombre del cura no se sabe. El mismo cura ordenó que después de la misa del cuatro saliera en prosesión alrededor de la plasa. Llaman a dicha prosesión el Carro. Estos son los primeros datos.



Esto hace dos siglos 49 años.

Otros datos de los que fueron mayordomos de este mismo santo. Nunca se ha retocado y todo aquel que intenta hacerlo se muere. Es muy sierto pues lo han presensiado. Esta reliquia es sagrada.

Quiso nacer en el monte, estar conjermado con los sierreños y quiso tener este su mismo tipo de ellos.

Dicen que el Santo ha tenido muchísimos mayordomos, pero esto antes de terminar el siglo XIX. Tuvo un mayordomo que fue herrero, hizo las dos iglesias, dichas iglesias las destruyó el terremoto, y en 1931 a 1949 quiso tener un mayordomo que fuera herrero en las Sierras y otro en Managua ya nombrado por el gran arzobispo de Nicaragua S. Sria. Monseñor Lescano y Ortega, y estos mayordomos se llaman Jesuita José Rosi y Nicolás Estrada, los que hisieron en Managua la gran parroquia de Santo Domingo y en las Sierras el Santuario de su nombre.”

Hasta aquí el relato del Mayordomo Don Nicolás estrada “El Mocho”

“Guardé el relato de Don Nicolás en un cajón de objetos personales, destinados tal vez a caer un día en el cesto de papeles desechados. Quedaba ciertamente satisfecha mi curiosidad. Pero reconocí con pena que allí nada tenía yo que hacer.” (2)



Del Libro: Religiosidad Popular: su problemática y su anécdota, del Padre Ignacio F. Pinedo S.J

Las citas textuales entre comillas y enumeradas.