Monseñor Rolando Álvarez, Obispo de la Diócesis de Matagalpa, presidió la Eucaristía del Domingo 18 del Tiempo Ordinario, en su reflexión el prelado dijo que “en la parábola del Evangelio de este domingo se narra que un hombre tiene una gran cosecha, un hombre que hasta sabe lo que hará con tanta cosecha, derribará los graneros que tiene y construirá graneros más grandes para guardar todo lo que ahí tiene” dijo el prelado.

“Cuando meditaba en esta parábola, pensé que aquí es donde el hombre debería hacer la diferencia para no caer en el camino de la insensatez, porque cuando aquel hombre obtiene una gran cosecha y se pregunta ¿qué haré? Es precisamente cuando en vez de derribar sus graneros que ya están colmados hasta la saciedad, que ya están llenos, repletos de abundante riqueza obtenida y que se piense en construir otro más grandes para completar más y más, en vez de pensar eso debió haber pensado en los trabajadores que fueron los que gracias a los cuales, después de la naturaleza, él pudo obtener la cosecha, eso que obtuvo de más ya no le pertenecía a él, le pertenecía a los trabajadores y a los más pobres” manifestó.

A través de la historia de 197 años de Nicaragua, se ha construido una sociedad de consumo, se nos ha visto y no sólo a nosotros como pueblo sino en América Latina en muchos pueblos, como hombres y mujeres para el consumo, se nos ha tratado como personas para el consumo, del consumo, como equipos para consumir, esa es la plusvalía, tratándonos como equipos de consumo, que no sólo basta con el trabajo del obrero y del campesino sino que nunca, muy pocas veces mete al pobre, es la plusvalía, es lo que algunos técnicos en esa economía moderna que rige el mercado mundial llaman crecimiento económico y dicen que en muchos países hay crecimiento económico, y ellos al crecimiento económico le llaman cuando hay ciudades que se ven que crecen y se expanden edificios hacia lo alto, crecen los centros comerciales con sus fascinaciones de compras para seguir haciendo que el pueblo consuma, porque hay que seguir metiéndole al pueblo en la cabeza que es consumidor, y siguen creciendo los grandes edificios y uno se sorprende de esas ciudades y decimos se ha modernizado esta gente, ha crecido económicamente, claro la macroeconomía ha crecido pero nunca se fijó en la microeconomía, en el hombre de la calle, en el de a pie, en el de la carterita que en la calle busca las moneditas, claro hermanos que es importante que crezca la macroeconomía, que se produzca empleo, pero la economía debe ser integra, donde crezca el hombre, la mujer de la calle, para que se desarrolle y crezca como lo que es, un ser humano digno de Dios.

Continuo diciendo que “hacia eso apunta la doctrina social de la Iglesia, eso es doctrina social de la Iglesia, que tenga impacto en la población, para lograr, cuando se invierte en la educación de los niños, se mejoran las escuelas, se invierte en la educación de los jóvenes, se abre a la pluralidad del mundo, se ofrecen becas para que el joven no sólo pueda licenciarse sino doctorarse y obtener superioridad académica, entonces ahí si es la sociedad entera, ahí si somos todos los que compartimos en la misma mesa sin exclusión ni exclusividades el mismo pan con dignidad.

El Señor nos permita a todos, unos y otros, a los que tienen en sus manos el aparato de poder a tener conciencia de esta economía de carácter social, del campesino, del pobre, porque después de la naturaleza, quienes llevan el aparato de poder deberían tener esta conciencia. El Señor nos ayude a obtener estas raíces desde el Evangelio” manifestó.

Citando al  Papa Francisco Monseñor Rolando finalizó diciendo que “Cuando las riquezas son utilizadas para el bien común se llega a ser santo”, es lo que también el mismo Papa insistiendo en eso llama “son riquezas del cielo”, que bonito saber que hay riquezas del cielo cuando se usan para el bien de las grandes mayorías. El Señor nos ayude para que las riquezas pocas o muchas que tenemos, sean riquezas del cielo.