Emilio José Ortega Porras


Nicaragua al igual que otros pueblos de América Latina, heredó el catolicismo de parte de europeos; sin embargo, misioneros españoles que supieron inculcar a nuestros antepasados la santa fe cristiana, tuvieron que aprovechar o al menos permitir, que los indígenas mantuvieran la naturaleza festiva propia de sus celebraciones paganas, para los rituales y actividades religiosas de la nueva fe que se les inculcaba.

La liturgia oficial de la iglesia católica prevalece en la celebración del culto divino, al menos en las actividades que se realizan dentro de las parroquias, iglesias y capillas; sin embargo, el pueblo tiene sus propios rituales de piedad doméstica, que de una u otra manera influyen en los usos, costumbres, vacaciones y por consiguiente en la gastronomía. Todas estas valiosas costumbres nos hacen recordar que estamos en épocas litúrgicas muy importantes, por mencionar en este caso la cuaresma.

Nicaragua, tiene su propia forma de celebrar la cuaresma, más allá de las fórmulas litúrgicas, que como dije anteriormente, se viven con gran fervor por nuestro pueblo a lo interno de catedrales, basílicas, parroquias, capillas y ermitas católicas.

Aunque en Europa o en otros continentes o países “más civilizados”, la religión se implementa a lo “mejor” de manera más “formal”; por algo, varios papas de la iglesia católica, siendo europeos, han llamado a América y no a Europa, el Continente de la Esperanza. Lo anterior quiere decir, que en los santos papas, genera más esperanza y mejores expectativas, el catolicismo de América: alegre, costumbrista y festivo, que el catolicismo de mármoles, órganos de tubos, bufandas y caras alargadas de personas muy mayores, en catedrales e iglesias europeas.

Con una prima paterna, (nacida y criada en Alemania y procedente ella, por línea materna, de una familia muy católica y tradicional alemana); con quien visité catedrales e iglesias en ese país y a quien he llevado a varias fiestas religiosas de diferentes pueblos de Nicaragua, hemos llegado a afirmar, que ser católico en Nicaragua, es más alegre que ser católico en Europa, por todas las razones antes descritas.

Nuestra iglesia católica orienta que el miércoles de ceniza es día de oración y de ayuno; por lo anterior un sacerdote, hace algunos años se molestó, porque una feligresa (de muy buena fe), le mando de regalo, un miércoles de ceniza, una riquísima “masa de cazuela” de cerdo. Se supo de la “herejía” de esta señora, porque el sacerdote, aunque sin mencionar nombre, reveló desde el púlpito, el “pecado” de la “masa de cazuela”, elaborada y repartida por su “hechora” un miércoles de ceniza.

Debemos de comprender que el pueblo de Nicaragua, pareciera encontrar más a Dios, comiendo que ayunando. Sería “pecado” (contra la costumbre, que también es fuente de derecho), para un nicaragüense, dejar de saborear la tradicional sopa de queso o sopa de rosquillas y dejar de aprovechar reunirse en familia a disfrutar de este rico almuerzo, muy propio del miércoles de ceniza y de los viernes de cuaresma.

En Masatepe, Nicaragua y en otros pueblos de la meseta, es usual que en las calles, algunas mujeres o niños, pasen vendiendo tortillas de maíz durante todo el año, normalmente antes del medio día, para el almuerzo, o después de las cinco de la tarde, para la cena; pero los miércoles de ceniza y vienes de cuaresma por la mañana, se escucha a mujeres que pasan anunciando: “la masa, la masa, la masa”………, lo que quiere decir que llevan de venta, pelotas de masa de maíz, para que la gente elabore sopa de rosquillas o tortas de sardina.

El miércoles de ceniza 2019, muchas personas almorzaron sopa de queso o de rosquillas, ya que en comiderías o en restaurantes cercanos, elaboraron la misma y la anunciaron desde días antes, para animar a la gente a comprarla e incluso a encargarla desde temprano.

El siguiente día, es decir el jueves, escuché a grupos de personas, conversando acerca de cómo estuvo la sopa de rosquillas que almorzaron, (cada cual por su lado), procedente la sopa de diferentes lugares.

Una señora comentaba que la sopa de queso no le gustó porque llevaba huevo y que la sopa que hacía la fulanita de tal, era muy buena, porque no llevaba huevo; otra persona decía que la sopa que se tomó le gustó mucho porque llevaba hierva buena y así la hacía su Abuela; un señor dijo que la sopa no estaba muy buena, porque llevaba muy poca leche; otra persona expresó que es locura ponerle leche a esa sopa, que en su casa la hacen sin leche; una joven dijo que las rosquillas estaban muy suaves y la sopa muy espesa; otra persona dijo que las rosquillas estaban muy tostadas y la sopa muy en agua; otro dijo que muy salada, otro que muy simple, etc.

Yo, el año pasado, en Managua, probé de dos sopas de queso: una de comidería y otra de restaurante. En la comidería, la sopa tenía un excelente sabor, pero el defecto era que la sirvieron tibia y no caliente (como debe de ser toda sopa) y sus rosquillas llevaban poco queso y estaban frías y suaves. En el restaurante, las rosquillas estaban muy buenas, crujientes, calientes y llevaban excelente cantidad de queso y la sopa estaba en perfecta temperatura, pero llevaba una serie de condimentos sofisticados, que aunque tenía un riquísimo sabor, parecía otra cosa, menos sopa de queso nicaragüense.

El miércoles de ceniza de este año 2020, probé la sopa de rosquillas en la casa de unos amigos de Masaya que tuvieron la amabilidad de convidarme y estaba excelente, como a mi me gusta, por lo que pedí me sirvieran dos veces sopa y me comí como ocho rosquillas. Después me sentí apenado por comer tanto en otra casa, contrario a la urbanidad, pero la sopa estaba buenísima y los buñuelos de postre estaban también excelentes.

He visto también, que algunas personas, en el caldero de la sopa, ponen todas las rosquillas y cuando los comensales las consumen, las rosquillas están suaves. Otras personas sirven la sopa con las rosquillas aparte, lo que permite que las mismas estén tostadas y que el comensal ponga las rosquillas en la sopa, en el momento que considere oportuno o que consuma las rosquillas fuera de la sopa. En otra comidería, en años anteriores, prepararon las rosquillas con polvo de hornear y aunque tenían muy buen sabor, parecían otra cosa, menos rosquillas para sopa.

Hay quienes no hacen para la sopa rosquillas, sino tortitas de la misma masa; hay quienes hacen tortitas y rosquillas y hay quienes hacen solamente rosquillas para disfrutarlas con su respectiva sopa. Algunas personas le agregan huevo a la masa de las rosquillas y otras le agregan huevo batido a la sopa; sin embargo, para que el huevo batido no se corte en la sopa, cuando se esté batiendo el mismo, (según recomendaba una cocinera de comarca): “no debe de ser visto, ni por picado o engomado, ni por embarazada primeriza, ni por gente agitada, asoleada y sudorosa, ni por personas que tengan la vista fuerte o caliente”.

Una señora, cocinera reconocida, dijo que esa sopa lleva hierba buena y naranja agria; un chef profesional, no conocido, dice que el jugo de naranja agria corta la leche de la sopa, que por eso no se le debe de poner nada ácido. Una señora leonesa que vive en Managua, dice que su sopa es sin leche, porque así la hacía su madrina en la ciudad de León.

Mi Madre dice que antes, en Masatepe, la sopa de rosquillas no llevaba hierba buena y que con crema y mantequilla es muy pesada y dañina, que en su casa la hacían sin eso; por esa razón yo chavalo pensaba, que la sopa de rosquillas era pura agua.

En Sutiaba, León, hay quienes afirman que hacen sopa de queso y que le agregan jocotes. Una persona de Chinandega ganó un concurso de comida de cuaresma porque presentó una sopa de cuajada con punche.

Un viernes santo (también día de ayuno), probé una sopa de queso, hecha por otras manos, pero parecía que las rosquillas no estaban fritas, sino que se cosieron en la sopa y como no llevaban achiote, pero sí queso, se sentían con rico sabor, pero parecían “cosa de horno”, aunque remojadas en sopa.

En un mercado de la capital, probé otra sopa de queso; la sopa estaba buena pero las rosquillas eran grandes y cuadradas, resecas y extrañas, como hechas con pinol; además el queso estaba muy distante, como de Managua a Chontales.

Una persona del barrio Monseñor Lezcano de Managua dice que la sopa de queso no lleva ni leche, ni mantequilla, ni crema, ni huevo. Me imagine esa sopa muy "chirre", sin embargo en la foto que quien hizo esa sopa, publicó en facebook, se ve que su sopa de queso le quedó muy rica.

Hace algunos años, una señora evangélica, no católica, hizo una sopa de queso y la masa la diluyó en sopa de hueso de res y el resultado fue muy bueno; le conté esa experiencia a una cocinera católica y me dijo muy alterada: “hacer sopa de queso, en sopa de hueso de res, es locura, porque el miércoles de ceniza y los viernes de cuaresma, no se debe de comer nada que lleve o que tenga sabor a carne”.

Con lo anterior podemos deducir que no hay receta oficial para la sopa de queso; cada persona la elaborará como considere oportuno, o como la han hecho en su familia de generación en generación o como la acostumbran hacer en su pueblo.

Para mí, que soy ferviente comensal de la comida nicaragüense, (que no puedo cocinar, pero sí saborear y evaluar con prudencia lo cocinado), una sopa de queso perfecta es la siguiente: que lleve cantidad adecuada de leche, crema y mantequilla; que no le falte hierva buena; que lleve moderada cantidad de huevo batido; que la sopa esté hirviendo; que no esté ni muy “chirre” ni muy espesa; que las rosquillas lleven achiote, suficiente queso, que estén medio tostadas y calientes y que las sirvan fuera de la sopa, aunque algunas vayan dentro de la sopa, pero que se le pongan minutos antes de servirla.

Como es imposible conciliar tantos gustos y opiniones y para quedar todos en paz y contentos, podemos decir que la mejor sopa de rosquillas o de queso, es aquella que se disfruta en familia o amigos, que fue preparada con amor y que principalmente nos haga recordar, que la comida es un regalo de Dios y que estamos en cuaresma nicaragüense, donde es “pecado” ayunar.

Masatepe, Nicaragua, cuaresma 2019 y 2020.