Roberta Gisotti - 

"El agua y el cambio climático" es el tema del Día Mundial del Agua de hoy, que debido a la epidemia de coronavirus no se celebra públicamente, sino a través de la prensa y en línea la apremiante invitación a la humanidad: "No podemos permitirnos esperar. Todos podemos hacer algo".

Poner a la persona en el centro de la política del agua

En esta ocasión, Mons. Fernando Chica Arellano, Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, insta a la comunidad internacional a "actuar no de acuerdo con la lógica mercantilista que busca el beneficio a toda costa, sino promoviendo medidas y decisiones que sean éticamente correctas y que pongan a la persona humana en el centro".

No desperdiciar el agua y combatir el cambio climático

"Las advertencias son necesarias. Pero el miedo por sí solo no ayudará", advierte el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, llamando al mundo entero y a cada persona a actuar para no desperdiciar el agua y a tomar todas las medidas posibles para hacer frente al cambio climático.

La preocupación de los expertos y la inercia de los Estados

En efecto, hay mucha preocupación entre los expertos, lo que se puede ver claramente en el Informe sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo 2020, publicado hoy por la UNESCO en nombre de la Agencia de las Naciones Unidas para el Agua (ONU-Agua). "El cambio climático -dice el documento de síntesis- afectará a la disponibilidad, la calidad y la cantidad de agua necesaria para satisfacer las necesidades humanas básicas, comprometiendo así el disfrute de los derechos básicos al agua potable y el saneamiento de miles de millones de personas.

Afrontar el reto con compromisos concretos

De ahí la invitación a los Estados "a que asuman compromisos más concretos para hacer frente al desafío", con lo que se deja de lado la meta establecida por las Naciones Unidas en el Programa de Desarrollo Sostenible de garantizar el acceso al agua potable y el saneamiento básico para todos para 2030.

Más de 6.000 millones de personas sin agua potable ni saneamiento

Un reto considerable dado que 2.200 millones de personas hoy en día no tienen acceso al agua potable y 4.200 millones, o sea el 55% de la población mundial, no tienen un saneamiento seguro. Si el uso del agua se ha sextuplicado en el último siglo y ahora crece a razón de un 1% anual, se estima que el cambio climático y la creciente frecuencia de fenómenos extremos, como tormentas, inundaciones y sequías, exacerbarán la situación de los países que ya sufren de "estrés hídrico" y generarán problemas similares en otras áreas. Por esta razón, los autores del informe subrayan que "la mala gestión del agua tiende a exacerbar los efectos del cambio climático, no sólo en los recursos hídricos sino en la sociedad en su conjunto".

El agua no es el problema sino parte de la solución

"El agua no tiene por qué ser un problema", dice Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, "pero, por el contrario, puede ser parte de la solución" si somos capaces de gestionar este recurso para mitigar y adaptarnos al cambio climático.

Gestionar el clima y el agua de forma coordinada

"Si nos tomamos en serio la limitación del aumento de la temperatura mundial a -2ºC" - dice Gilbert F. Houngbo, presidente de Un-Water y del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola del Ifad - "debemos actuar inmediatamente. Existen soluciones para gestionar el agua y el clima de forma coordinada y cada sector de la sociedad tiene un papel que desempeñar. Simplemente no podemos permitirnos esperar."

Prioridad al agua para apoyar el desarrollo de los pueblos

"La palabra 'agua' - denuncia la Dirección de la UNESCO - rara vez aparece en los acuerdos internacionales sobre el clima", por lo que incluso en los Acuerdos de París no hay programas específicos sobre la gestión del agua en los planes nacionales de los Estados, ni tampoco una contabilidad de los posibles costes. En el informe se pone de manifiesto la falta de financiación de los países para la gestión de los recursos hídricos y el saneamiento, así como la existencia de proyectos de viabilidad virtuosos que podrían atraer inversiones y donaciones en este sector, descuidando todas las oportunidades de obtener beneficios colaterales como la creación de empleo, la mejora de la salud pública, la reducción de la pobreza, la promoción de la igualdad entre los géneros y el aumento de los medios de vida.