Por Emilio José Ortega Porras
Masatepe, Nicaragua, Semana Santa 2020.    


 La Cuaresma, la Semana Santa y los sufragios por los difuntos, han sido fuente de inspiración para compositores tanto de Europa como de América Latina, dando como resultado intermezzos y marchas fúnebres.


Las marchas fúnebres son composiciones musicales, “que imitan el ritmo solemne de una procesión fúnebre”. Algunas marchas se consideran adecuadas para su uso durante funerales y en otras ocasiones tristes, siendo más conocida a nivel mundial la marcha fúnebre de Frédéric Chopin, que nació en Żelazowa Wola, a 50 km de Varsovia, Polonia en 1810 y falleció en París en 1949.

En España, de manera más esplendorosa, en Sevilla,  las procesiones pasionales o de Semana Santa son acompañadas por marchas procesionales de dos tipos: las ejecutadas por bandas de cornetas y tambores, que tienen melodías y ritmos tristes que invitan a la reflexión y a la compasión (por el sufrimiento de Cristo en su pasión y muerte) y las marchas ejecutadas por bandas con más variedad de instrumentos musicales, que se les llama “marchas de palio”, con las que pareciera se acompasan los cargadores o “costaleros” que cargan las andas procesionales, en las que llevan las imágenes de la Virgen Dolorosa bajo palio. Los flecos de los palios parecieran moverse al ritmo de estas marchas procesionales. Las marchas de palio, aunque son solemnes y muy reverentes, tienen melodías y ritmos menos dramáticos que las marchas fúnebres a las que estamos acostumbrados en nuestro país.

En Centro América se destacan las marchas fúnebres de Guatemala y las de Nicaragua. Han sido mayormente grabadas las marchas de Guatemala. Ese país tiene grandes bandas musicales con mayor cantidad de integrantes, que incorporan instrumentos musicales que nosotros no vemos en nuestras procesiones, tales como liras, pícolos, timbales, campanas tubulares, entre otros.

Las marchas fúnebres de Nicaragua, según músicos consultados, tienen excelente riqueza musical, porque no caen en monotonía y su continuidad melódica es impredecible para el que las escucha.



Las marchas fúnebres de autores nicaragüenses, tienen hasta tres o cuatro partes; no tienen una sola línea melódica, sino que tienen muchas variaciones; tienen varios “solos”: se escucha en ellas solos de trompeta, solos de trombón, solos de barítono o tubas, solos de clarinete, etc. Las marchas de Nicaragua suelen llevar “tríos”, que son la parte más melancólica o triste de la marcha.  Hay partes de nuestras marchas nicaragüenses en que únicamente un instrumento va “cantando” y el resto de los instrumentos lo van acompañando suavemente, muchas veces al unísono con el bajo y otras veces en las que, de toda la banda, queda tocando solamente un instrumento en una parte determinada de la marcha fúnebre.

Como producto de conversaciones con músicos amigos y de mis recopilaciones e investigaciones de música clásica sacra nicaragüense; me atrevo a proponer empíricamente una clasificación de marchas fúnebres nicaragüenses, en base a su fuente de inspiración o motivo de creación.

Marchas fúnebres descriptivas: aquellas que llevan por nombre aspectos de la pasión y muerte de Cristo, por ejemplo:  Muerte de Jesús, Monte Calvario,  La Calle de la Amargura, Lienzo Sagrado, Santo Entierro (de Alejandro Vega Matus), Las Siete Palabras (de Zapata), La Sentencia (de Inocente Aguilar), La Sangre de Cristo y Pasos del Peregrino (de Miguel A. Solís), Lamento en la Penumbra (de Arturo Picado), Agonía de Jesús (del masatepino Alberto Ramírez Gutiérrez ), Descendimiento (de Ramiro Vega Jiménez), La Tumba del Redentor (de José de la Cruz Mena). En este tipo de marchas, los instrumentos musicales en algunas partes de las mismas, hacen sonidos que se asemejan a momentos de la pasión y muerte del Señor: parecieran escucharse pasos o caídas en la calle de la amargura; truenos, como en el momento en que murió Cristo; lamentos, sollozos, llantos, agonía, expiración etc.

Marchas fúnebres conmemorativas o en honor o en memoria de alguien: Las que sus autores dedican a personas vivas o fallecidas que son personajes religiosos, políticos, intelectuales o personajes populares, por ejemplo: Marcha {Monseñor} Ulloa y Larios (de José de la Cruz Mena), Marchas Pancho López y Maestro Lizandro Ramírez (de Ramiro Vega Jiménez), Marcha Alejandro Bermúdez (de Carlos Ramírez Velásquez), Marcha La Tumba de Leonardo (de José de la Cruz Mena), Marcha Enrique Porras (del masatepino Carlos José Ramírez Gutiérrez).    

Marchas por acontecimientos, guerras o tragedias: Mártires de la Patria (de Guillermo Urbina), Mártires del Terremoto (en la partitura original de esta marcha, su autor Carlos Ramírez Velásquez escribió: “Esta marcha la compuse en recuerdo a los [que] murieron y perdieron sus haberes el 31 marzo de 1931 en Managua, Nicaragua”). Al inicio de esta marcha pareciera escucharse un ruido o vibración como cuando hay un temblor.

Marchas fúnebres por encargo:  Algunos músicos comentan que cuando era la misa por el aniversario del fallecimiento de alguna persona, los familiares acudían al director de la orquesta del pueblo, con el fin de contratarle para que con su orquesta ejecutara la misa del difunto. Si la contratación era con composición y estreno de marcha fúnebre especial, dedicada al difunto por el que se ofrecía la misa de aniversario, el toque tenía un costo más alto, pero si era sin marcha especial, el costo era menos alto.

Algunas veces el contrato incluía que los músicos fueran después de la misa a tocar marchas al cementerio y luego a la casa donde vivió el difunto. Si iban a la casa, salían de la misma, además de los honorarios, con sus respectivos nacatamales, bollos, rosquillas etc. después de haberse tomado su “el atol de ánimas” o su “chilate”.    

En los pueblos de nuestra meseta, por las tardes, había casi una misa de difunto al día, a veces hasta dos o tres. Siempre los músicos tenían trabajo.

Marchas fúnebres numeradas: Los compositores muchas veces no ponían nombres a sus marchas fúnebres. Hacían los papeles de las marchas para cada instrumento en cuadernillos. Un cuaderno por cada instrumento, donde aparecen las marchas 1, 2, 3, 4, 5 etc. con la firma de su autor. (Conservo copias de antiguos papeles, escritos con pluma fuente, de marchas fúnebres numeradas que compuso allá por 1918, mi Bisabuelo Francisco Luz Ramírez Gutiérrez, violinista de la muy recordada Orquesta Ramírez de Masatepe, Nicaragua).

Marchas fúnebres cortas o para vía crucis: Hay marchas fúnebres que son convenientes para viacrucis, porque son cortas y permiten ser ejecutadas entre estación y estación, sin quedar a medio tocar; pues muchas veces, en lo mejor de la marcha, los músicos tienen que dejar de tocar, porque llegó el momento de rezar la siguiente estación.

Marchas de concierto: Son las marchas más complicadas, que requieren de mayor tiempo y cuidado para ejecutarlas, en las que el músico necesita estar sentado y leyendo el papel  para poder tocarlas bien. Estas podían ser ejecutadas dentro de las iglesias antes y después de las misas de difuntos. Luego del momento de la bendición, al final de la misa de réquiem, empezaba la dramática marcha fúnebre que se encargaba de arrancar de lo más hondo del corazón, el llanto de las viudas, madres, hijas o hermanas del difunto. En el momento de iniciar la marcha final, los amigos que acompañaban a los familiares del difunto en la misa, sabían que era el momento de levantarse para ir a dar el pésame, con un abrazo, a los familiares del finado. Se sabía quiénes eran los familiares cercanos, porque eran los que lloraban al escuchar la dramática marcha.

También esas marchas complicadas o de concierto, se ejecutaban en las iglesias de nuestros pueblos en las velas del Jueves Santo: antes eran velaciones con la imagen del Cristo que se ponía en el suelo (de ahí la frase amenazante a los chavalos de épocas pasadas: “no corran porque el Señor está en el suelo o en tierra y se les abrirá la tierra”) y desde hace como 5 décadas, velas de Jesús Sacramentado o de la Reserva Eucarística, el mismo Jueves Santo. Las personas iban muchas veces a estas velas de Jueves Santo a orar a las iglesias y a deleitarse con el concierto de marchas fúnebres, tradición que se ha ido perdiendo en nuestros pueblos por modernismo, por reformas litúrgicas y sobre todo por desconocimiento de nuevas generaciones de las antiguas tradiciones de sus municipios.

A estas marchas complicadas también las llamaban “marchas de parada”. El mayordomo de cada procesión de Semana Santa es el que usualmente paga la música. Cuando la procesión pasa por su casa, la misma se detiene unos momentos, mientras reparten algo a los feligreses: atoles, bollos, rosquillas etc., los músicos se sientan y pueden tocar una de estas marchas especiales, muchas veces a petición del mayordomo que dice a los músicos: “toquen la 38 de Vega Matus”, toquen la marcha “Alejandro Ramírez de Carlos Ramírez Velásquez”, “toquen: Él ha muerto de Ramiro Vega”, etc.  

Al revisar papeles originales de marchas fúnebres de autores nicaragüenses, por ejemplo, de la marcha “Pasos del Peregrino” de Miguel A. Solís, podemos encontrar que varias han sido escritas con papeles para clarinetes: 1, 2 y 3; Sax alto 1, 2, 3; trompeta 1, 2, 3; trombón 1, 2, 3; pícolo, fagotte   etc. Marchas con más de 20 papeles.

En la actualidad, por la escasez de músicos, las bandas se limitan a tocar: 1 trompeta, 1 clarinete, 1 trombón, 1 un bajo, redoblante, bombo y platos.  Casi desaparece el barítono y/o la tuba, algunas bandas ya no los llevan. Además, una banda completa tendría un mayor costo por hora. 

Para el Domingo de Ramos y para el Domingo de Resurrección no se tocan marchas fúnebres, sino marchas alegres o marchas militarles, que algunas personas en nuestros pueblos las llaman “pasos dobles”.

En la “procesión del silencio” del Jueves Santo, al menos en Masatepe, no se tocaban marchas. Con trompetas y trombones se tocaban únicamente “pregones”, en las esquinas de la calle por donde venía la procesión. Terminado el pregón, se oye unas tres veces el sonido del bombo, que le da un ambiente tétrico al momento. Luego sin música, se escuchaba solamente el redoblante y no se escuchaba una palabra de nadie, por eso le llama “procesión del silencio”. Ahora las campanas de “los raspados” y las pláticas de las personas, interrumpen el devoto silencio que merece “Jesús del Prendimiento”.

En la “procesión del silencio” se tocan pregones, porque antiguamente las disposiciones oficiales: bandos, edictos, decretos, avisos, eran anunciados (en las plazas y en los lugares concurridos de los pueblos) por pregoneros. A toque de trompeta se anunciaba el pregón, ocasión en la que un pregonero leía en voz alta el aviso oficial, para que la gente conociera el mismo. El arresto y crucifixión de Cristo fueron disposiciones oficiales o públicas en su tiempo y se presume que estas decisiones se dieron a conocer a la muchedumbre, luego de toque de trompetas.



Debemos mencionar también “las llamadas”, que son piezas musicales “alegres”, (parecidas a aquellas fanfarreas romanas que se escuchan en las películas que pasan en la televisión para los días santos) y que se ejecutan antes de que salgan los viacrucis, durante los viernes de cuaresma o en las procesiones de Semana Santa.  Empieza el redoblante tocando animadamente y sigue “la llamada”, como para invitar o para recordarle a la gente que pronto saldrá la procesión.

Un viernes de cuaresma en Masaya, tuve la oportunidad de presenciar que “la llamada” la tocan los músicos, alrededor de la Parroquia La Asunción, antes de que salga la procesión del Vía Crucis. “La llamada” que escuche en esa ocasión era “La Reseña” (no guatemalteca) compuesta por el compositor masayés Alejandro Vega Matus. Me cuentan que popularmente a esta “llamada” le dicen “la Ben-Hur”. 

No se puede dejar de mencionar el canto cuaresmal: “Por tu Angustia y Dolor, Perdónanos Señor”, obra de Don Pablo Vega Ráudez, compositor nacido en Masaya en 1850. Este canto es el “Alabado” del Rosario a la Santa Faz (Rostro de Jesús), musicalizado por este valioso compositor nicaragüense y que usualmente se canta en los Rosarios del Señor de Trinidad en Masatepe y en los Rosarios de “Santa Cabeza” o “Divino Rostro en Nandasmo. La letra original del canto no dice: “por tu angustia y dolores” como algunas personas lo cantan ahora, sino: "por tu angustia y dolor, perdónanos Señor"; es decir que la rima de su letra se mantiene. 

Cabe destacar que antiguamente en nuestros pueblos, los actos litúrgicos de Semana Santa eran con orquestas y cantores que cantaban obras en latín, musicalizadas por autores nicaragüenses y en el momento de la comunión, se ejecutaban cantos imponentes también de autores nacionales. Lo anterior, lamentablemente se ha perdido por la modernidad o por desconocimiento de nuestra música clásica católica.

Antiguamente, el Viernes Santo había en las iglesias momentos de oración que le llamaban: “Ejercicio de las Tres Horas”. En una parte de estas tres horas, se meditaba en las Siete Palabras que Cristo pronunció en la cruz. Existe un libro muy antiguo para este fin, editado en España hace más de dos siglos, en el que aparecen unos versos que se recitan en la meditación de Las Siete Palabras. Las letras de estos versos solían ser musicalizados por los compositores, para ser cantados en las iglesias, en el momento correspondiente del Viernes Santo, durante estas tres horas.  




Mi Bisabuelo, Francisco Luz Ramírez, a inicios del siglo XX, musicalizó para cuerdas, estos versos de Las Siete Palabras, que el año pasado 2019, se ejecutaron durante los oficios del Viernes Santo en la Parroquia Santa Ana de Niquinohomo, Nicaragua. Ese canto de Las Siete Palabras, según la musicalización de mi Bisabuelo, no se había ejecutado desde hace varias décadas, en ninguna iglesia de nuestra meseta de los pueblos. 


Unos instrumentos de percusión, “de la familia de los idiófonos”, que se usan para Semana Santa, son las casi desaparecidas “carracas” o “matracas”, que había en los campanarios de las iglesias. A partir del “Gloria” del Jueves Santo por la tarde, no se deben de tocar las campanas, (solamente matracas, debido al duelo); las campanas se volverán a tocar hasta el “Gloria” del Sábado Santo, en la Vigilia Pascual.

Las matracas o carracas son cajones o instrumentos de madera que tienen por dentro una pieza grande en forma de aspa, de la que cuelgan martillos también de madera, que, al girar una manivela ajustada a el aspa, la matraca hace un ruido rítmico y sonoro. Cuando el Sacristán o Campanero, (por esos días Matraquero), inicia a girar la manivela, se escucha un sonido algo así como: barambambán, barambambán, barambambán y a medida que gira con mayor velocidad la misma, se escucha un: rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr, rápido y más o menos fuerte y difícil de olvidar.

Las matracas se tocan para anunciar “el primero, el segundo y el deje” de los oficios religiosos y la salida y entrada de las procesiones de Jueves, Viernes y Sábado Santo.

En los últimos años he escuchado la matraca únicamente en la Parroquia de Masatepe, en la iglesia Guadalupe de León y en la Parroquia de Nindirí. Hace algunos meses, en una parroquia, miré tirado fuera de la iglesia un cajón de madera pequeño, casi desintegrándose: era ni más ni menos que su antigua matraca, que nadie hizo nada por conservarla. Creo que ya muy pocas iglesias tienen matracas de campanario; sería interesante rescatarlas. Ojalá se conserve por muchos años más, la matraca de campanario de mi pueblo, Masatepe.

También existen matracas, parecidas a las que reparten en “Las Purísimas”, aunque un poco más grandes, de mejor madera y sin pintar, que tocan los monaguillos en las procesiones del Santísimo, que se realizan a lo interno de las iglesias, después de la misa del Jueves Santo por la tarde.

En este año de pandemia 2020, parece que el Protagonista de la Semana Santa no quiere que suenen ni las marchas fúnebres, ni “los pregones”, ni “las llamadas”, compuestas por nuestros talentosos músicos nacionales de grata recordación.

Dios quiere que oremos en silencio y que meditemos en su Amor.
Ten misericordia Señor de nosotros y que se haga ante todo tu santa voluntad.