En una madrugada de marzo del año 1969, Daniel Ortega era declarado culpable junto a Axel Somarriba, por haber robado 225 mil córdobas de una sucursal del Banco de Londres. Este hecho, habría ocurrido el 21 de julio de 1967 según especifica "El Preso 198", un libro publicado en 2018 por Fabián Medina.

 Después de ser torturado físicamente, logra llegar al Centro Penal de Rehabilitación Social de Tipitapa con un letrero colgando de su cuello, en el que se lee su nombre y el número asignado como privado de libertad. Tras permanecer siete años y un mes en prisión, la suerte le cambia la noche del 27 de diciembre de 1974, cuando un grupo de guerrilleros sandinistas irrumpieron a balazos en la casa de José María Castillo, un somocista. 

 El entonces Arzobispo de Managua, Monseñor Miguel Obando y Bravo era parte del hecho histórico, servía de mediador entre el Gobierno y el comando sandinista, Juan José Quezada, que consiguió la liberación de 14 miembros de la guerrilla, entre ellos; Daniel Ortega. 

 Al ocaso de 1974, Daniel Ortega salía de Nicaragua con destino a Cuba, acompañado de 13 prisioneros sandinistas. Cinco años después, Ortega volvería a Nicaragua siendo parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional que era presentada en el Paraninfo de la UNAN León. Tan sólo horas antes, en la historia del país coincidía nuevamente Monseñor Miguel Obando, esta vez; desde el bunker del último presidente de la familia Somoza.

 "Ahí estaba el Estado Mayor, y me dijeron: Es que dicen que usted va a tomar el poder momentáneamente y se lo va a entregar a los sandinistas", confesó en una entrevista quien años más tardes, sería declarado "prócer de la paz y la reconciliación". 

 Un reporte del ya extinto Nuevo Diario, señala que Somoza se refería a Obando como el "Comandante Miguel"; pues promovió en plena insurrección una pastoral que le pedía su dimisión como presidente. 

 La guerra sandinista contra la Iglesia nicaragüense

 Tan sólo meses después de consolidarse el derrocamiento de Anastasio Somoza Debayle y la instauración de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, llegan al país un grupo de "Teólogos de la Liberación", quienes crean en complicidad con el Gobierno sandinista, una especie de Iglesia Popular según describe un reporte de la época, titulado: "Una Iglesia en peligro", escrito por Humberto Belli. 


El grupo de teólogos predicaban enseñanzas marxistas, en las que se referían a la "vanguardia revolucionaria", como el Mesías que conducía al pueblo al Reino de Dios. El (FSLN) es el Moisés enviado por Dios para llevar a los nicaragüenses a la tierra prometida" dijo en ese entonces el sacerdote Uriel Molina, Director del Centro Antonio Valdivieso. 

Los folletos que publicaba el Instituto Histórico Centroamericano, proclamaban mensajes en los que la lealtad del cristiano por la revolución debía ser absoluta, además de referirse a la existencia de dos Iglesias: La Iglesia Popular, que - según el sandinismo – se identificaba con los pobres y la iglesia de los ricos, en referencia a la jerarquía en comunión con Roma. 

Belli, destaca en el informe que la Jerarquía Católica recibía de parte de grupos sandinistas, el apelativo de "aliada de los ricos", a pesar de que, en asuntos de comunicación, la Iglesia Popular contaba con el 80 por ciento de las radios del país, dos de los tres periódicos existentes y el control total de la televisión para difundir sus ataques y predicar su evangelio, en cambio, la Iglesia en comunión con el Papa, apenas poseía una radio emisora en bancarrota.

Hasta este punto, eran los "cristianos revolucionarios" quienes plantaban una guerra ideológica a la Iglesia Católica, los líderes sandinistas se mostraban imparciales ante los hechos, sin embargo, no duraría mucho tiempo. Ya a finales de 1979, se hizo evidente la injerencia revolucionaria en festividades católicas tradicionales como la Gritería mayor en vísperas de la Solemnidad a la Inmaculada Concepción de María.

Inicialmente, Tomás Borge, Ministro del Interior; anunciaba que el 8 de diciembre sería "el día del niño", y posteriormente, se inició una reinterpretación en favor del marxismo, a tal punto que imprimieron miles de estampas con oraciones que presentaban a la Virgen María, como "la madre del guerrillero". 


 "El Evangelio me hizo marxista", dijo el Sacerdote Ernesto Cardenal a Sábado Gráfico, una revista de España. Él, junto a Edgar Parrales, José Arias Caldera, Miguel D´Escoto eran los principales sacerdotes que tenían cargos públicos en la primera etapa del gobierno sandinista. 

 La Iglesia Católica denunció a través de un "Comunicado Pastoral" en Mayo de 1980, la participación activa de sacerdotes en la política partidaria. "los sacerdotes no deben militar en política partidista (...) deben conservar la libertad para denunciar el mal y el pecado, ahí donde aparezcan", razón por la que los ataques fueron más directos. 

A mediados de 1981, el gobierno suspendió la transmisión de la misa del Arzobispo de Managua que era televisada desde hacía años, además de la destrucción de rótulos religiosos en distintos lugares de la capital. Reportar esta noticia, provocó que el gobierno silenciara parcialmente al diario La Prensa. 

Un año después, la Iglesia denunció al gobierno de ser responsable de la violación de derechos humanos, al haber forzado la reubicación de al menos 10 mil misquitos en la Costa Atlántica, un hecho que más tarde sería reconocido como la “navidad roja”. 

"tenemos que lamentar, desde el punto de vista humano y cristiano el desplazamiento de los grupos indígenas que han estado radicados en esas regiones desde tiempos inmemoriales", dice el tercer comunicado pastoral de la Conferencia Episcopal de Nicaragua publicado en febrero de 1982. 

Monseñor Miguel Obando y Bravo declaraba que el sandinismo le había hecho la guerra a la Iglesia, pues había encontrado en ella la única institución que podía detenerlo. "Como nos opusimos al absolutismo de Somoza, nos oponemos ahora a la involución de la doctrina sandinista". 

¿Intentaron asesinar a Monseñor Schlaefer? 


La mañana del 20 de diciembre, la Junta de gobierno sandinista informaba al país del secuestro del Obispo de Bluefields, Salvador Schlaefer, quien según el comunicado, era víctima de "mercenarios somocistas (...) siguiendo las orientaciones y planes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA)". Dos días después, el gobierno decía que había sido asesinado.

Sin embargo, una noticia del diario El País de la fecha, relata que un portavoz del grupo antisandinista MISURASATA, afirmaba que estaba vivo, y se encontraba liderando a más de 2000 personas que intentaban refugiarse en Honduras. Su jeep, había sido encontrado a mitad del camino que conecta a Bilwi con Waspam; casi en su totalidad, cubierto de lodo.

Tras conocer informaciones de agencias internacionales de comunicación, la Conferencia Episcopal de Nicaragua en un comunicado con la fecha del 22 de diciembre, solicita al gobierno demostrar con pruebas la muerte del Obispo. En respuesta, el gobierno solo daría instrucciones al Ejército de Nicaragua de dirigirse al sitio para confirmar la información. 

En los primeros días de ese mes, el Obispo había llegado a Managua para influir en la liberación de más de 300 misquitos detenidos por el gobierno revolucionario. Por otra parte, en declaraciones, Obando y Bravo decía: "La Iglesia tiene sanciones más severas para quienes matan a un obispo". Una fuente anónima, dijo a El País que la curia Arzobispal no creía en la información brindada por las autoridades. 

Finalmente, después de tres días de camino, los pobladores misquitos de la zona de Francia Sirpe, llegaban a territorio hondureño en compañía del obispo Schlaefer. El líder de la organización armada MISURASATA, Steadman Fagoth, anunciaba desde Tegucigalpa, la publicación de un mensaje grabado en el que se confirmaba la vida del prelado.

"No he sido secuestrado. He venido a Honduras espontáneamente, para acompañar a los indios misquitos que huyen del régimen sandinista", decía Monseñor Schlaefer al iniciar su mensaje. 

"Soy un pastor y no puedo abandonar a mi grey. Hemos caminado durante tres días por la selva, atravesando las montañas de Nicaragua, atacados por los aviones y soldados sandinistas que disparaban contra nosotros" concluía. Lo que inicialmente fue anunciado como un secuestro de grupos "somocistas", terminaba siendo un evidente intento de asesinato.


                                                         Escrito por Jaime Narváez.
                                                             Twitter: jaimenarvas