San Juan de la Cruz en Navidad, alternativa de vida en el amor




San Juan de la Cruz, quien es uno de los referentes de este proyecto “Mirada Contemplativa. Espiritualidad y Vida”, supo comprender y vivir profundamente la entraña de la fe y la contemplación, tal como se nos manifiesta en Navidad y como nos lo presenta en su Romance de Nacimiento:


“Era llegado el tiempo
en que de nacer había
así como desposado que
en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre
en su pesebre ponía…
Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía,
que eran joyas que
la esposa al desposorio traía,
y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía...”
Juan de la Cruz nos transmite así el sentido profundo de la Navidad y de la fe, como es la Encarnación de Dios en Jesús por la que asume solidariamente todo el sufrimiento, mal e injusticia que padece la humanidad. Para liberarnos y salvarnos en el amor y la justicia, en la auténtica alegría y felicidad.
De esta forma, traernos el sentido de la vida,
una vida alegre y feliz
en este amor solidario
que nos libera de todo mal.
En la Encarnación de Cristo,
Dios se hace pequeño y pobre
en fraternidad liberadora
con los pobres de la tierra,
en solidaridad y justicia
con las víctimas de la historia.
Dios se encarna y nace en las periferias del mundo, en los márgenes y reverso de la historia. Como afirma el Santo, “del Verbo divino la Virgen preñada viene de camino. ¡Si le dais posada!” (Letrilla, 13 Navideña).
Como nos narra el Evangelio,
“Le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón...”
Así lo muestra San Juan de la Cruz: “Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada. Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada…” (Monte de perfección 5).
Lo primero y la esencia de todo es el don del amor en Dios, tal como se nos muestra en Navidad, que nos lleva a la fraternidad solidaria y liberadora de los falsos dioses del poseer y del tener.... Como afirma bellamente, “en la interior bodega de mi Amado bebí… y el ganado que antes seguía perdí…Mi alma se ha empleado, y todo mi caudal, en su servicio; ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio, que ya sólo en amar es mi ejercicio…”
(Cántico Espiritual 17, 19).
Tal como narra:
“Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras”
(Cántico espiritual 15).
En Navidad, se nos presenta así el verdadero rostro e imagen de Dios que se ha revelado en Jesús. Es el Dios de la misericordia y la compasión, del amor fraterno y de la justicia con los pobres de la tierra...
Como nos muestra el poeta y místico: “Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura vestidos
los dejó de hermosura…
Mi Amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos…
la noche sosegada”
(Cántico Espiritual 25, 65).
Es la experiencia espiritual y mística de comunión con Dios, con la humanidad y con el cosmos que culmina en la vida plena de amor, eterna, en los cielos nuevos y tierras nuevas (Ap 21).
Como experiencia San Juan de la Cruz dice: “Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado”
(Noche oscura 40).
Esta sabiduría espiritual y comunión mística, compasiva de Dios con la humanidad y el cosmos, culmina en la Cruz de Cristo-Crucificado
Es la plenitud
de la entrega
y el amor liberador
por los otros,
como ya nos había señalado
el acontecimiento de Navidad.
Escrito por: Agustín Ortega Cabrera y la Hermana Gentileza Rebeca Mendoza

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